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¿Mimos contra el caos? El insólito plan que cambió el tráfico en una capital latinoamericana

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La medida impulsó a la ciudadanía a tomar conciencia y ser protagonistas de una cultura de responsabilidad compartida.
¿Mimos contra el caos? El insólito plan que cambió el tráfico en una capital latinoamericana

Las calles ensangrentadas eran parte del día a día, la impunidad, el caos y la intolerancia era lo cotidiano, todo lo malo que se pudiera imaginar reinaba en la ciudad. A la gente la mataban por unas cuantas monedas, por unos zapatos deportivos y hasta por nada. La policía era corrupta y la impunidad era ley.

Así recuerda Humberto Orozco, director de la revista mexicana Magis, a la entonces caótica Bogotá, la capital de Colombia, de 1995, una ciudad que estaba llena de diversas pandillas que se mataban por territorios y que generaban altos índices de criminalidad en medio de una volátil urbe que se estremecía entre el chillido de los taxis, el descontrol del tráfico, la contaminación y la falta de conciencia ciudadana.

De aquel viaje que hizo a la capital colombiana a mitad de la década de 1990, el investigador, comunicador, creador y filósofo mexicano señala que aquella ciudad era una especie de "paradoja", porque mientras mostraba "calles perfectamente señaladas para no perderse por nada", por otro lado se llenaba de "una nube de autos a vuelta de rueda sin poder desplazarse por las adoquinadas o empedradas calles de majestuosas construcciones de siglos pasados".

Pero aquel caos, que parecía imposible de controlar, fue abordado de una manera bastante particular e insólita por un alcalde que, para entonces, se distanciaba de cualquier perfil que pudiera ostentar el común denominador de los políticos colombianos. Era el filósofo y matemático Antanas Mockus, un académico que había sido rector de la Universidad Nacional de Colombia y que por su forma de pensar fue señalado de no tener las herramientas para luchar contra la criminalidad y la violencia.

Para entonces se decía que Bogotá en particular y Colombia, en general, necesitaba un hombre fuerte, una especie de caudillo que acabara con los criminales con más violencia, armas, sangre y muerte. Sin embargo, Mockus recurrió a un plan distinto.

Mimos por policías

"Para mejorar la convivencia entre peatones y conductores, durante tres meses salieron a las calles de la ciudad 400 mimos, quienes en las intersecciones viales señalaban —con sus gestos amables— la necesidad de que un automovilista hiciera retroceder su automóvil en un semáforo rojo, para dejar libre la cebra de cruce de peatones", recuerda Orozco sobre el plan de Mockus para mejorar aquel fenómeno urbano que sacaba lo peor de las personas: odio, frustración, ira, violencia.

La campaña con los mimos tenía como propósito que las personas tuvieran la capacidad de cambiar sus acciones. La disposición a dejarse corregir era "el complemento" que Mockus esperaba como reacción ciudadana frente a los mimos. "Los mimos solos no bastan, ahora necesitamos que la gente acepte al mimo", dijo entonces el controvertido alcalde, tras lanzar la campaña cultural y teatral que tenía como centro a los intérpretes de la pantomima.

Así, cada mimo salía a las calles de Bogotá a tomar espacios clave de la ciudad: semáforos, pasos peatonales, paradas de autobús. Se apostaban justo en esos lugares donde el conflicto podía ser rebajado con los movimientos y expresiones faciales de los actores, con el objetivo de llenar la calle de humor y reflexión para cada transeúnte y conductor.

Más allá del gesto del mimo, que en ocasiones simulaba empujar un automóvil o autobús hacia atrás cuando se atravesaban por el paso peatonal, había un agente de tránsito dispuesto a poner una multa, en caso de que el infractor no corrigiera su acción.

"La represión policial era la última medida de una secuencia pedagógicamente ordenada, y, gracias a la clara lectura de la situación y al respaldo social de la sanción, el efecto pedagógico se reforzaba", dijo Mockus a Orozco sobre aquel plan cultural.

Orozco resalta que luego de un año de implementarse la toma de Bogotá por los mimos, surgieron indicadores positivos en la forma de actuar de los ciudadanos. "La cebra era respetada en Bogotá por 72,25 % de los peatones y 76,46 % de los conductores". Así aquellos hombres silenciosos de cara blanca, guantes y ropa llamativa y extraña a la vez, hicieron más que lo que no pudo lograr para entonces la policía en una ciudad donde nadie respetaba normas. Fue una solución "rara" para muchos, pero efectiva, tanto así que la política se convirtió en estudio académico en Harvard sobre el comportamiento ciudadano y de masas.

Masificación del arte en la ciudad

Mockus, quien llegó incluso a disfrazarse de 'Súper Cívico', estuvo al frente de la Alcaldía de Bogotá en dos períodos (1995-1997 y 2001-2003). Su plan de "Cultura Ciudadana" logró reducir el caos vial sobre el 75 % al igual que los homicidios 70 %. Pero su gestión no solo dejó el recuerdo de los mimos.

El filósofo también apostó por la masificación del arte en distintos espacios urbanos: llevó el jazz al aire libre y el rock al parque. Creó el programa Rap a la Torta, promovió políticas sobre tolerancia y convivencia por medio de la música, como el 'Rap and Roll', entre otras actividades culturales que revitalizaron la ciudad.

La Universidad de Caldas resalta que la política de Mockus se consolidó como un modelo para el cambio de comportamiento y de transformación social, que consiste en la generación de prácticas humanas deseables para la sociedad a través de la persuasión y el accionar colectivo.

Un artículo de la organización Beautiful Trouble, firmado por el arquitecto e investigador brasileño Tomaz Capobianco, señala que el plan de Mockus para Bogotá resultó efectivo porque "cambió el comportamiento de cientos de miles de individuos", tras alentar a los ciudadanos a exigirse mutuamente y a tener sentido común. El alcalde despidió a 3.200 policías de tránsito que tenían antecedentes corruptos y les ofreció un capacitación para convertirlos en mimos; más de 400 aceptaron el reto y muchos de ellos terminaron acompañando a adultos mayores a cruzar las calles.

"Desafió directamente una cultura de impunidad y promocionó en su lugar una cultura de responsabilidad compartida con respecto al medioambiente urbano. En vez de usar los procedimientos jerárquicos tradicionales, Mockus creó un programa que requería de la participación activa del público.

Como los ciudadanos vieron que podían dar forma a su propio entorno para bien, desarrollaron un sentido de orgullo y de propiedad colectiva", resalta Capobianco, quien recuerda que el alcalde, que también fue ridiculizado por la prensa, distribuyó miles de tarjetas con "pulgares arriba y pulgares abajo", para que las personas expresaran su aprobación o rechazo a la conducta de otros.

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