La vez que los venezolanos recibieron a escupitajos y patadas a Richard Nixon

Los manifestantes le lanzaron piedras, tomates, huevos, mientras arrancaban y rompían las banderas estadounidenses.

La superstición hace que los estadounidenses se tomen con calma los viernes 13, una fecha considerada de mala suerte y en la que tomar decisiones puede tornarse incluso terrorífica y desencadenar eventos trágicos.

En 1958, el entonces vicepresidente de EE.UU., Richard Nixon y su esposa Pat Nixon, junto a varios agentes de ese país, conocerían por cuenta propia el día de infortunio que despierta los mismos temores y precauciones para los latinoamericanos: el martes 13.

Nixon y su equipo, bajo el mando del presidente 34 de EE.UU., el republicano Dwight Eisenhower, viajaron a Venezuela para realizar una visita oficial que tenía como misión ir a presionar a la nueva Junta de Gobierno, presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal.

La misión de Nixon era que los convenios establecidos por Washington con el recién derrocado dictador Marcos Pérez Jiménez —quien huyó a la dictadura de República Dominicana, para un par de años después saltar a Miami y finalmente refugiarse en la España de Francisco Franco—, se mantuvieran intactos al igual que la alianza de Caracas con los intereses estadounidenses, reseña Alba Ciudad.

Eran tiempos de Guerra Fría y el llamado 'patio trasero' de EE.UU. se sacudía en revoluciones que surgían contra la hegemonía estadounidense. Aquella rebeldía no era gratuita, al igual que el sentimiento generalizado "antiyanqui". EE.UU. se había ganado ese espacio a pulso: condecoró a Pérez Jiménez, lo apoyó y se alió con otras dictaduras regionales que llevaron a los latinoamericanos a sufrir terribles épocas de persecución, torturas, desapariciones forzadas y asesinatos de todo aquel que se manifestara en contra o que fuese cercano a organizaciones de izquierda.

La misión de Nixon apuntaba a mantener Caracas en calma y asegurar el flujo de petróleo —como describe un texto publicado por el archivo nacional de EE.UU.—, porque el país continuaba agitado y su población estaba cada vez más influenciada por los ideales de izquierda y la fuerza del Partido Comunista que promovía la igualdad, solidaridad y justicia social, la redistribución de la riquezas del Estado, la reducción de las brechas económicas, la protección de los desfavorecidos, entre otras demandas que no interesaban a la agenda estadounidense, sumamente preocupada por frenar los cambios políticos de entonces en toda la región.

Así las cosas, el martes 13 de mayo de 1958, a las 11:00 de la mañana, el avión de la Fuerza Aérea de EE.UU. que trasladaba a Nixon, su esposa y demás comitiva aterrizó en el aeropuerto internacional de Maiquetía, en el ahora estado La Guaira, en un vuelo que salió de Bogotá, Colombia. Era la última parada del vicepresidente que viajó desde el 27 de abril y durante 18 días por toda Suramérica, a excepción de Brasil y Chile, como parte de la gira de "buena voluntad" que le encomendó Eisenhower.

"¡Muerte a Nixon!, ¡Nixon, go home!"

Luego de aterrizar en Maiquetía y mientras se entonaba el himno de EE.UU. en suelo venezolano, "una multitud encolerizada", como lo recuerda el diario El Nacional, comenzó a pitar y a gritar consignas e insultos contra Nixon y su equipo.

"¡Muerte a Nixon!, ¡Nixon, 'go home'!", se escuchaba y se leía en pancartas de los manifestantes, la mayoría estudiantes, que se irritaron aún más cuando el funcionario estadounidense se les acercó para saludarlos. En ese momento, él y su esposa recibieron "una cascada de escupitajos" y le desgarraron el traje al vicepresidente.

El Servicio Secreto (agentes de seguridad del Ejecutivo de EE.UU.) introdujo a los Nixon en un Cadillac 63-CD y la caravana salió del aeropuerto rumbo al Panteón Nacional, donde se encuentran los restos del Libertador Simón Bolívar, para poner una ofrenda floral. Sin embargo, la actividad fue suspendida porque el lugar estaba tomado por manifestantes.

Al atravesar la avenida Sucre, una de las principales vías de Caracas, el auto de Nixon fue interceptado por los manifestantes enardecidos, quienes rodearon el aparato, lo patearon, le lanzaron piedras, tomates, huevos, rompieron los vidrios con palos y tubos, mientras arrancaban y rompían las banderas de EE.UU.

La ira de los venezolanos que estaban ahí fue de tal magnitud que estuvieron a punto de volcar el auto tras moverlo incesantemente de un lado a otro mientras gritaban nuevamente: "¡Muerte a Nixon!, ¡Nixon, 'go home'!". La angustiosa experiencia de aquel episodio en Caracas, fue incluso relatada por el propio Nixon en su libro 'Seis crisis', donde dice que de milagro quedó vivo. 

El incidente dejó a Nixon con una pequeña herida en el rostro, tras recibir el impacto de los vidrios rotos en la cara. Oscar García Velutini, quien era el canciller de Venezuela y que estaba en el vehículo oficial, también resultó herido. En medio de aquel momento, los 12 agentes del Servicio Secreto sacaron sus armas pero no dispararon. En ese instante, el chofer pudo acelerar y escapar del lugar hasta llegar a la embajada de EE.UU., que para entonces quedaba en la urbanización San Bernardino.

Al borde de una invasión

Luego del incidente, Nixon tuvo un encuentro con la prensa. Allí dijo: "No es muy agradable lo ocurrido, como tampoco lo es el que hayan escupido a mi señora. No es muy agradable que, al recorrer las calles de una ciudad famosa por su hospitalidad, mis acompañantes tuvieran que haber corrido tan grave peligro".

El episodio fue abordado por Eisenhower como un asunto de máxima seguridad y de primer interés para EE.UU. El mandatario ordenó al Pentágono que lanzara una operación armada hacia Venezuela y movilizó la cuarta flota del Pacífico hacia la costa del país suramericano. Washington desplegó más de 1.000 paracaidistas e infantes de marina en el mar Caribe para preparar la operación de rescate "Poor Richard" (Pobre Richard) en caso de que la integridad del vicepresidente siguiera comprometida.

Una nota de 1958 de la agencia United Press International, detalla que dos compañías de paracaidistas del Fuerte Campbell, en Kentucky, se movilizaron en turbohélice hacia Puerto Rico, mientras otras dos compañías de Infantería del Camp LeJeune, en Carolina del Norte, volaron también a la base de Guantánamo, en Cuba. Además, se activó el portaaviones Tarawa.

El gobierno de Eisenhower instó a Caracas a garantizar la seguridad de Nixon. La Junta de Gobierno reforzó la seguridad del alto funcionario y envió militares venezolanos a resguardar la embajada de EE.UU. junto con los marines estadounidenses. Al día siguiente, el miércoles 14, la Fuerza Armada venezolana escoltó hasta el aeropuerto a quien se convertiría en el presidente 37 de EE.UU. una década después.

Su salida de Venezuela no tuvo más traumas. Fue acompañada por Larrazabal y vehículos blindados hasta Maiquetía, donde partió directamente a EE.UU. Un documento del Comando de Historia y Herencia Naval de la Marina de los EE.UU., enumera 207 operaciones de intervención militar emprendidas entre 1946 y 1990 como respuestas a supuestas crisis en todo el mundo. El episodio de Nixon es contado como la número 49.

La biblioteca presidencial de Nixon también menciona un documento en el que se comenta que "el factor principal que causó impacto y peligro" durante la visita de Nixon a Venezuela, fue "la agitación". "La planificación y organización profesional, liderada, naturalmente, por el Partido Comunista de Venezuela, que había sido prohibido durante la dictadura, funcionaba como parte de la resistencia clandestina y se había convertido en héroe nacional para muchos. Y contaban con material antiestadounidense eficaz", dice el texto.

El expediente también recuerda que previo a Caracas, donde tenía previsto visitar el reactor nuclear ubicado en lo que es ahora el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Nixon también fue rechazado en países como Perú, donde su presencia también provocó la furia de los locales durante una visita a la Universidad de San Marcos, en Lima. Además, también hizo una gira por Centroamérica que no tuvo mucho éxito.

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