Emerich Juettner ha quedado en la historia como el peor falsificador de billetes de dólar. Sin embargo, pese a su falta de pericia, la Policía tardó años en dar con él.
Juettner llegó a EE.UU. desde su Austria natal en 1890, cuando tenía 13 años. Se adaptó bien en su nuevo lugar de vida: para el año 1918 ya estaba casado, tenía dos hijos y trabajaba en un complejo residencial en Manhattan, Nueva York.
Todo cambió cuando su esposa murió en 1937 y Juettner se quedó solo, sin posibilidad de encontrar trabajo debido a su edad. En este período, Estados Unidos seguía inmerso en la Gran Depresión, una de las crisis económicas mundiales más severas de la historia.
Bastante pronto, comprendió que debía encontrar alguna solución, y no fue una cualquiera. Usando sus conocimientos básicos de grabado en metal y fotografía, en noviembre de 1938 fotografió por primera vez un billete de dólar, transfirió la imagen a un par de placas de zinc y dibujó a mano los pequeños detalles.
Criminal escurridizo
Al día siguiente, el Servicio Secreto, que entonces investigaba los casos relacionados con la falsificación de dinero, recibió un billete falso que llamó poderosamente la atención de los agentes. Les sorprendió que el autor decidiera falsificar un billete de solo un dólar. Además, la copia estaba muy mal hecha: papel barato, números de serie borrosos y una imagen torcida de George Washington. Al principio, pensaron que el delincuente se estaba burlando de ellos.
Esa torpeza no impidió que la búsqueda del misterioso falsificador se prolongara por diez años. Las copias eran tan malas que resultaba prácticamente imposible identificar a su autor. Para 1947, se habían recopilado 'obras' de Juettner por valor de 7.000 dólares.
Cuando la Policía por fin logró encontrarlo, Juettner confesó de inmediato sus delitos. Resultó que el hombre nunca daba a nadie más que billetes de un dólar porque no quería que nadie perdiera más que esa cantidad.
El ya anciano falsificador dejó una buena impresión en el tribunal y fue condenado a solo un año y un día de prisión. También recibió una multa por una cantidad que le daría un cierre perfecto a su historia: un dólar.