La larga sombra de EE.UU. sobre Irán: ¿Cómo una operación encubierta desató décadas de tensión entre dos países?

En 1953, la CIA y el MI6 contribuyeron a derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq. El golpe reforzó el poder del sah y la influencia occidental en Irán, pero también sembró una desconfianza hacia Washington que perdura hasta hoy.

La década de 1950 marcó un antes y un después en los métodos empleados por Estados Unidos en política exterior: por primera vez en tiempos de paz, Washington recurrió a una operación encubierta para derrocar a un gobierno extranjero. Aquella intervención sentó un precedente para posteriores operaciones, entre ellas el golpe de Estado de 1954 en Guatemala y el derrocamiento de Salvador Allende en Chile en 1973.

Así, en agosto de 1953, los servicios de Inteligencia de EE.UU. y del Reino Unido orquestaron un golpe de Estado en Irán, que terminó con el derrocamiento de Mohammad Mosaddeq, primer ministro nominado por el Parlamento y legalmente designado por el sah Mohammad Reza Pahleví. Sus políticas orientadas a defender los intereses nacionales, la soberanía y la independencia del país, chocaron frontalmente con los intereses de las dos potencias occidentales, en particular por su decisión de nacionalizar la industria petrolera iraní. El enfrentamiento convirtió al jefe del Gobierno en un obstáculo para Londres y, cada vez más, en una amenaza para Washington en el contexto de la Guerra Fría.

De este modo, el intento de EE.UU. por intervenir en los asuntos internos de Irán no es un fenómeno reciente, sino una historia que se remonta a hace más de 70 años (aunque Washington no reconoció públicamente su implicación en el golpe de Estado de 1953 durante décadas).

Todo gira en torno al petróleo

Los dramáticos sucesos de 1953 hunden sus raíces en las décadas anteriores y están estrechamente ligados al desarrollo de la industria petrolera de Irán y al control extranjero sobre los recursos del país. Desde mediados del siglo XIX, los británicos utilizaron sus capitales para controlar múltiples sectores de la economía de Persia (antiguo nombre de Irán), con especial énfasis en las provincias del sur. La historia de la industria petrolera del país comenzó en 1901, cuando el empresario británico William D’Arcy obtuvo del sah persa Mozaffareddín Shah Qayar, una concesión exclusiva para explorar, extraer y comercializar petróleo en gran parte del territorio persa.

El hallazgo de petróleo en 1908 dio un fuerte impulso a la expansión británica en Persia, lo que llevó a la creación de la Anglo-Persian Oil Company (APOC) en 1909, con sede en Londres (en 1935, tras el cambio de nombre del país a Irán, la empresa pasó a llamarse Anglo-Iranian Oil Company (AIOC)). En 1914, el Gobierno británico adquirió una participación mayoritaria en la compañía, asumiendo el control directo de la industria petrolera iraní. Este movimiento fue promovido en vísperas de la Primera Guerra Mundial por Winston Churchill, entonces primer lord del Almirantazgo, para asegurar el suministro de combustible de la Armada británica en su transición del carbón al petróleo. Durante las décadas siguientes, la compañía británica mantuvo un control dominante sobre la producción y comercialización del petróleo iraní

A finales de la década de 1940, la refinería de Abadán era la más grande del mundo y la nación persa era uno de los principales exportadores de crudo de Oriente Medio. Sin embargo, esto benefició muy poco al desarrollo nacional y a la calidad de vida de la población, ya que las regalías pagadas al Gobierno de Irán por la venta de su propio petróleo eran sumamente bajas. Esto provocó una insatisfacción social, lo que generó huelgas y protestas masivas. En ese contexto, en 1949 se fundó el Frente Nacional, un movimiento de oposición liderado por Mosaddeq que exigía el fin del control extranjero sobre la economía y la política, así como la nacionalización de la industria petrolera.

En marzo de 1951, los legisladores aprobaron la propuesta de nacionalización presentada por Mosaddeq —quien fue elegido primer ministro poco después— entrando en vigor la ley el 1 de mayo del mismo año. En otras palabras, el político iraní le arrebató el petróleo a los británicos, lo que desató un conflicto directo con el Reino Unido. Teherán expulsó especialistas británicos y rompió en 1952 relaciones diplomáticas, mientras Londres impuso un bloqueo económico y llevó el conflicto ante la Corte Internacional de Justicia, que determinó que carecía de jurisdicción para resolver el caso. Al mismo tiempo, las negociaciones llegaron a un punto muerto.

Washington y Londres, camino a una operación secreta

Ante esa situación, Londres solicitó repetidamente ayuda a Washington. Sin embargo, la Administración del entonces presidente estadounidense Harry Truman, que gobernó hasta enero de 1953, se mostró reacia a ayudar a los británicos por diversas razones, entre ellas la esperanza de que el gobierno de Mosaddeq mantuviera una postura pronorteamericana. Todo cambió con la llegada de Dwight Eisenhower a la Casa Blanca, quien nombró al belicista Allen Dulles director de la CIA y a su hermano, John Dulles, secretario de Estado. Mientras tanto, Winston Churchill había regresado al cargo de primer ministro británico en octubre de 1951 y estaba decidido a resolver el conflicto petrolero con Irán.

En febrero de 1953, John Sinclair, jefe del servicio secreto británico MI6, llegó a Washington y se reunió con su par estadounidense. Las conversaciones dieron paso a la elaboración de una operación conjunta angloestadounidense para derrocar a Mosaddeq. Para los estadounidenses, el golpe representaba lo que Washington consideraba en aquel momento la mejor oportunidad para detener cualquier expansión de la Unión Soviética en Oriente Medio.

El plan de conjunto fue aprobado en julio tanto por Eisenhower como por Churchill. Además, la CIA aprobó alrededor de un millón de dólares de la época a disposición de la operación, que se denominó en EE.UU. TPAJAX Project u Operación Ajax y en el Reino Unido recibió el título Operation Boot

Una red de colaboradores, campaña de propaganda y aprobación del sah

Para liderar la misión estadounidense sobre el terreno, la CIA recurrió al oficial de inteligencia Kermit Roosevelt, jefe de su División de Oriente Próximo y nieto del presidente Theodore Roosevelt, quien entró a Irán en julio de 1953, donde pasó a la clandestinidad y comenzó a coordinar una red de colaboradores. A su vez, la inteligencia británica sirvió de enlace a través de la estación del Servicio Secreto de Inteligencia en Teherán, aunque el Reino Unido mantuvo una baja visibilidad operativa para reducir el riesgo de ser descubierta.

La Operación Ajax combinó cuatro elementos principales: 

El componente propagandístico resultó particularmente importante. Agentes de la CIA prepararon y difundieron materiales que presentaban a Mosaddeq como un dictador, un simpatizante comunista y un hombre cuya inestabilidad emocional estaba llevando a Irán a la ruina

Un desafío crucial fue asegurar la participación activa del sah Mohammad Reza Pahleví, que era constitucionalmente el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas iraníes y poseía, según conspiradores, la autoridad legal para destituir al primer ministro. Sin embargo, el monarca temía que un intento fallido de golpe de Estado lo destruyera. "Su incapacidad para tomar decisiones, sumada a su tendencia a inmiscuirse en la vida política, ha ejercido en ocasiones una influencia perturbadora", advirtió la Embajada de EE.UU. en Teherán en febrero de 1953.

Para vencer la reticencia del sah, la CIA y la inteligencia británica operaron a través de múltiples canales, incluidos algunos familiares suyos. El propio Roosevelt se reunió en secreto con él en varias ocasiones para discutir la operación y garantizar el apoyo estadounidense. Gradualmente, la resistencia del sah se fue debilitando a medida que los funcionarios norteamericanos lo convencieron de que la continuidad del Gobierno de Mosaddeq amenazaba no solo los intereses occidentales, sino también a la propia monarquía.

Un primer intento fallido

A mediados de agosto de 1953, el sah emitió un decreto destituyendo al primer ministro. Sin embargo, el documento quedó estancado en trámites burocráticos durante un tiempo. Al mismo tiempo, Mosaddeq había sido notificado del decreto con antelación, logró reunir tropas leales en la capital.

Preso del pánico, Pahlaví huyó a Bagdad y luego a Roma. El jefe de seguridad del sah, el coronel Nematollah Nassiri, quien entregó el decreto a Mosaddeq, fue arrestado. Una transmisión radiofónica anunció un intento de golpe de Estado por parte de las fuerzas leales al sah. Numerosas manifestaciones contra el aristócrata salieron a las calles, coreando consignas que exigían su derrocamiento. El Ministerio de Asuntos Exteriores envió circulares a los embajadores en el extranjero declarando que el sah "ya no ejercía autoridad en Irán".

Mientras, oficiales iraníes, sobornados por la CIA, no se arriesgaron a actuar en esta situación y no lograron movilizar las unidades previstas. La Operación Ajax estuvo al borde del fracaso, o al menos así fue informado el presidente Eisenhower.

EE.UU. consigue su objetivo

Sin embargo, en lugar de retirarse, Roosevelt intentó del 16 al 18 de agosto reorganizar la operación para llevar a cabo otro intento. En particular, mantuvo una serie de reuniones clandestinas con oficiales iraníes y los hermanos Rashidián, influyentes empresarios iraníes de orientación probritánica, decidiendo lanzar una nueva acción el 19 de agosto.

A su vez, agentes y colaboradores iraníes vinculados a la CIA movilizaron grupos favorables al sah para incluso simular un descontento popular espontáneo, provocando el caos en las calles. La situación derivó en enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas de seguridad y, finalmente, en la intervención de unidades militares. Una multitud enfurecida se propuso tomar edificios gubernamentales. Disturbios masivos dejaron hasta 300 muertos

Con el apoyo de unidades militares clave convencidas por los conspiradores, las fuerzas leales al sah tomaron posiciones estratégicas en Teherán, mientras que la residencia de Mosaddeq fue asaltada y se libró una larga batalla. El primer ministro y varios de sus colegas huyeron a la casa de un vecino, pero se rindieron a las fuerzas del general Zahedi al día siguiente

A su vez, el sah regresó al país el 22 de agosto y respaldó un nuevo acuerdo petrolero que permitió el regreso de las compañías occidentales al sector iraní y reestructuró el control y los beneficios de la industria nacionalizada. Por su parte, Zahedi, apoyado por los estadounidenses, se convirtió en primer ministro, restableciendo las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. Así, la Operación Ajax concluyó.

Golpe que cambió la relación entre Irán y Occidente

A corto plazo, el golpe de agosto de 1953 fue un éxito para Washington y Londres. Mosaddeq fue apartado del poder, el sah Mohammad Reza Pahlaví regresó al país y el nuevo Gobierno se alineó estrechamente con Occidente. Para EE.UU., la operación permitió consolidar a Irán como un aliado estratégico en plena Guerra Fría y ampliar considerablemente su influencia política, económica y militar en el país.

Para el Reino Unido, el resultado fue más ambivalente. Londres recuperó buena parte de la influencia perdida tras la nacionalización del petróleo y restableció sus relaciones diplomáticas con Teherán. Sin embargo, no consiguió recuperar el antiguo monopolio de la Anglo-Iranian Oil Company. El acuerdo petrolero de 1954 creó un consorcio internacional en el que la compañía británica obtuvo un 40 %, mientras que otro 40 % quedó en manos de cinco grandes empresas estadounidenses. Además, la neerlandesa Royal Dutch Shell recibió un 14 % y la francesa CFP un 6 %.

Para Irán, las consecuencias políticas fueron profundas. El sah salió del conflicto mucho más fuerte que antes y comenzó a concentrar progresivamente el poder en sus manos. Mosaddeq fue condenado por traición, encarcelado y posteriormente sometido a arresto domiciliario hasta su muerte en 1967, mientras numerosos miembros de su movimiento y otros opositores fueron perseguidos. El golpe contribuyó así al debilitamiento de las instituciones representativas y al establecimiento de un sistema monárquico cada vez más autoritario.

En el terreno económico, la nacionalización defendida por Mosaddeq fue revertida en la práctica mediante el acuerdo petrolero. El nuevo sistema permitió reanudar las exportaciones iraníes y elevó los ingresos del país, pero devolvió a compañías occidentales el control de buena parte de la producción y comercialización del petróleo. Irán conservó la propiedad formal de sus recursos y recibió el 50 % de los beneficios netos del consorcio, pero el modelo de control nacional que había impulsado Mosaddeq quedó desmantelado.

Sin embargo, la consecuencia más duradera fue política. El apoyo estadounidense al sah vinculó durante las décadas siguientes a Washington con el régimen monárquico y con la represión de la oposición. La memoria del golpe de 1953 sobrevivió en la sociedad iraní y se convirtió posteriormente en uno de los pilares del discurso antiestadounidense de la Revolución de 1979. Esto no significa que el golpe por sí solo causara la revolución —sus causas fueron mucho más amplias—, pero sí que 1953 se convirtió en uno de los episodios fundamentales para entender la profunda desconfianza que marcó las relaciones entre Irán y Estados Unidos después de 1979.

Una operación silenciada durante décadas

A pesar de que el sah y sus colaboradores sabían que el golpe había sido financiado y coordinado por las agencias de inteligencia extranjeras, el embajador estadounidense en Teherán, Loy Henderson, advirtió al Departamento de Estado que se estaba extendiendo la percepción de que la Embajada y el Gobierno de EE.UU. habían contribuido con fondos y asistencia técnica a la caída de Mosaddeq. Para contrarrestarla, recomendó lanzar una campaña internacional que enfatizara la "espontaneidad" del movimiento y presentara la victoria del sah como resultado de la voluntad del pueblo iraní.

Durante décadas, ni el Gobierno estadounidense ni el británico reconocieron su participación en el derrocamiento de Mosaddeq, a pesar de que reportes aparecían en medios. Incluso, el presidente Eisenhower escribió en su diario en 1953 que, si los datos se hicieran públicos, "no solo quedaríamos en ridículo en esa región, sino que nuestras posibilidades de hacer algo similar en el futuro desaparecerían casi por completo". Mientras, funcionarios de la CIA declararon que la mayoría de los registros sobre el golpe de Estado se perdieron o fueron destruidos a principios de la década de 1960, supuestamente porque las cajas fuertes de los custodios estaban "demasiado llenas".

En 1989, el Departamento de Estado publicó lo que pretendía ser el registro oficial del período del golpe de Estado, no incluyó documentación sobre el papel de la CIA en la operación encubierta que condujo al derrocamiento de Mosaddeq. Tras el fin de la Guerra Fría, la CIA se comprometió a abrir los archivos de la agencia sobre Irán y otras operaciones encubiertas y comenzó a desclasificar progresivamente documentos, aunque importantes partes de su historia oficial siguen sin estar disponibles públicamente. Además, en 2023, la agencia reconoció públicamente por primera vez que el golpe que había respaldado en Irán fue antidemocrático.

Más de 70 años después, la sombra de 1953 sigue proyectándose sobre la relación entre ambos países. Lo que para EE.UU. fue una operación de la Guerra Fría destinada a proteger sus intereses estratégicos, en Irán quedó grabado como una intervención extranjera que puso fin a un proyecto de soberanía política y económica. Y esa memoria, lejos de desaparecer con el paso del tiempo, sigue condicionando la desconfianza, los enfrentamientos y la rivalidad entre Washington y Teherán hasta nuestros días.