En la Edad Media, cuando las ejecuciones se realizaban con entusiasmo por el más mínimo delito, e incluso sin él, se necesitaba algo más duradero, espacioso e imponente que una rama de árbol o una viga con soporte para infundir horror. Así apareció, en las afueras de París, el 'Gibet de Montfaucon', la horca más grande y aterradora de la historia humana.
Hoy en día, no queda rastro de esta estructura de piedra, diseñada para la ejecución simultánea de decenas de condenados, salvo una discreta placa informativa cerca de la plaza del Coronel Fabien.
Nadie conoce el año exacto en que se erigió esta temible columnata en el noroeste de París, aunque las primeras menciones del lugar como sitio de ajusticiamiento datan del siglo XI. Lo que sí se sabe es que Montfaucon adquirió su nueva forma y concepto en el siglo XIII por orden del rey Felipe IV el Hermoso, conocido popularmente como el 'rey de hierro', un hombre cruel que ahorcaba sin piedad a enemigos, aristócratas caídos en desgracia, criminales y vagabundos.
La historia de Francia redactada a mediados del siglo XVI por Étienne Pasquier atribuye la transformación de una horca tradicional en un macabro monumento de piedra a Enguerrand de Marigny, chambelán y principal ministro de Felipe IV, nombrado coadjutor del Reino en 1303.
Este poderoso y eficiente funcionario acabó siendo condenado por malversación y brujería y ahorcado en 1315 en la propia Montfaucon durante el reinado de Luis X. Al igual que en la mayoría de los casos, su cuerpo quedó allí colgado, expuesto al viento y a los cuervos, hasta 1317, año en que el nuevo rey, Felipe V el Largo, lo absolvió de los cargos que le habían imputado.
¿Cómo era esta fábrica y exposición de muerte?
Fue en 1416, durante la Guerra de los Cien Años, tras el levantamiento de París, cuando este enorme patíbulo, frecuentemente remodelado y ampliado, adoptó su espectacular forma de pórtico de dieciséis pilares.
La construcción era un cubo de varios pisos, de 12 metros de altura y 14 de lado. Entre 45 y 90 personas podían estar ahorcadas simultáneamente en tres niveles en las ventanas de la estructura. Yacían colgados de cuerdas o cadenas los cuerpos de los ejecutados, algunos de ellos ajusticiados (y hasta decapitados) en otros lugares. Los cadáveres podían permanecer expuestos allí durante meses, incluso años.
Varios de ellos eran aristócratas del más alto rango, como el almirante Coligny, político y militar que lideró el partido de los hugonotes protestantes y que murió en la masacre de San Bartolomé, durante las guerras de religión en Francia.
En 1594, el fin de las guerras de religión lo volvieron obsoleto. El patíbulo se mantuvo en uso hasta 1627 o 1629, cuando las exhibiciones de ejecutados cesaron por completo debido a la proximidad del hospital Saint-Luis, fundado por Enrique IV alrededor de 1607 para las víctimas de la peste y terminado en 1611.
Con el paso del tiempo, la inactiva estructura se fue desmoronando por sí sola hasta que sus ruinas fueron finalmente desmanteladas en 1790 y sus bloques de arenisca fueron comprados por un yesero.
Pese a su desaparición, la existencia de esta macabra fábrica de muerte quedó grabada en la memoria de los parisienses y en la literatura francesa. Así, la gitana Esmeralda, protagonista de la célebre novela 'Nuestra Señora de Paris' de Victor Hugo, terminó siendo ahorcada allí.