Todos los líderes persiguen el éxito, y hasta la enseñanza de cómo convertirse en una persona exitosa se ha transformado en negocio. Con frecuencia se promueven rasgos comunes como la autenticidad, el carisma o la capacidad de fomentar la seguridad psicológica entre los trabajadores. No obstante, muchas de las personas consideradas entre las más exitosas del mundo, como Elon Musk, Warren Buffett u Oprah Winfrey, no comparten grandes similitudes en cuanto a personalidad.
Jon Levy, científico del comportamiento, experto en trabajo en equipo y autor del 'bestseller' de The New York Times 'Estás invitado', cuestiona la percepción tradicional y sostiene que existe una única cualidad que une a todos los líderes.
"Cuando estudias ciencias del comportamiento, te das cuenta de que, básicamente, en todas las áreas de la vida, las cosas que asumimos que son ciertas son completamente erróneas […] No puedes decirme que hay cosas universales que los líderes deben tener en cuenta", dijo a Business Insider.
Qué comparten los líderes
En su libro 'Inteligencia de equipo: cómo los líderes brillantes liberan el genio creativo', Levy explica que estas personas comparten la capacidad de hacernos sentir que tendremos un futuro mejor.
"Si puedes ayudar a la gente a sentir que ganarán más, que cultivarán batatas más grandes, que tendrán más éxito profesional, que criarán mejores hijos, que derrotarán a su némesis o, al menos, harán que su ex sienta envidia, te seguirán", escribe.
Sin embargo, estas promesas no necesariamente tienen que cumplirse, acota Levy. "Producir resultados frente a hacer que la gente sienta que se producirán resultados son dos cosas completamente diferentes", señala.
Rompiendo los esquemas
El experto cuestiona algunas ideas tradicionales sobre la gestión de personal, incluida la formación en liderazgo corporativo, un sector que en Estados Unidos generó ingresos de 20.000 millones de dólares entre 2020 y 2025. Según destaca, el ser humano es complicado y no es posible aprender de forma eficaz complejas habilidades interpersonales en un simple curso de pocos días.
Lo que realmente funciona, defiende, es corregir las debilidades del líder potenciando sus fortalezas, incluso mediante la delegación de tareas. "Si tienes un jefe que es realmente malo dando retroalimentación, entonces pídele a otra persona que te la dé", propone. Levy considera que un jefe no debería dedicar horas a aprender aquello en lo que es deficiente si no forma parte de su "conjunto de habilidades".
Así, el autor apuesta por el trabajo en equipo, donde cada integrante desempeñe la función en la que es bueno. Incluso las formaciones corporativas resultan más eficaces en grupo, apunta. Como ejemplo, menciona que la unidad de élite Navy SEAL de la Armada de EE.UU. practica ejercicios como un conjunto cohesionado, en lugar de hacerlo de manera individual.
"Si queremos que el equipo actúe, entonces deben ser capaces de trabajar juntos", concluye.