El Congreso de EE.UU. enfrenta uno de sus mayores escándalos sexuales desde que el movimiento #MeToo ['A mí también'] sacudió el Capitolio en 2017 y 2018, informa Axios.
Esta semana, una joven asistente a la que Chuck Edwards, senador republicano por Carolina del Norte, había prestado "una especial atención", le comentó a una persona que temía represalias por parte del congresista ahora investigado por su conducta hacia sus jóvenes asistentes femeninas.
Además, el pasado mes de abril, dos legisladores, Tony Gonzales, republicano por Texas, y Eric Swalwell, demócrata por California, renunciaron en medio de acusaciones de conducta sexual inapropiada.
Mientras Edwards y Swalwell niegan haber cometido algún tipo de irregularidad, Gonzales aceptó haber tenido una aventura con una empleada que posteriormente se suicidó.
Grupo bipartidista
Ante el escándalo, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, republicano por Luisiana, y el líder de la minoría, Hakeem Jeffries, demócrata por Nueva York, están formando una "alianza" bipartidista con grupos de mujeres republicanas y demócratas para combatir la mala conducta sexual.
"Todas las mujeres deberían sentirse cómodas y seguras al trabajar en el Congreso. Como padre de dos hijas que trabajan en el Capitolio, esto me afecta tanto como a cualquier otra persona", declaró Johnson.
Johnson y Jeffries designaron a las presidentas de dos grupos parlamentarios: Kat Cammack, republicana por Florida, y Teresa Leger Fernández, demócrata por Nuevo México, para liderar la iniciativa.
Entre las posibles medidas que se están debatiendo se encuentran la implementación de cambios en los sistemas de denuncia, medidas de protección contra represalias y un aumento de los recursos destinados a la educación y la formación.