Las 'megaconstelaciones' de satélites (MSC, por sus siglas en inglés), esas redes de cientos o miles de satélites artificiales que orbitan la Tierra de forma coordinada, están produciendo un impacto ambiental que lleva un lustro preocupando a los científicos.
La contaminación atmosférica derivada de los lanzamientos y sus entradas en la atmósfera multiplica por mucho la producida por los satélites tradicionales, por lo que se alerta de la necesidad de regulación.
Esos trenes de satélites se lanzan a la órbita terrestre baja, en un proceso en el que liberan sustancias químicas nocivas para la atmósfera, produciendo impactos tanto en el clima como en la capa de ozono.
La capa de ozono y el carbono negro
Un reciente estudio revela que las emisiones de las 'megaconstelaciones' representan alrededor del 10 % del agotamiento global del ozono estratosférico.
Los cohetes que lanzan esos trenes de satélites utilizan queroseno, que es una gran fuente de carbono negro o partículas de hollín. El hollín absorbe la luz solar, calentando las capas superiores de la atmósfera y disminuyendo la cantidad de luz solar que llega a la atmósfera inferior de la Tierra, provocando su enfriamiento.
De ese modo, esos satélites son responsables de aproximadamente la mitad de ese efecto climático.
15.000 satélites en órbita
Las 'megaconstelaciones' han crecido rápidamente desde el inicio de sus lanzamientos en 2019 y hoy en día suponen alrededor de las tres cuartas partes de los satélites en órbita terrestre baja.
Hoy en día se calcula que son ya más de 15.000 los aparatos que circundan el globo, de los que aproximadamente 10.000 pertenecen a SpaceX, propiedad del multimillonario Elon Musk, el triple que hace tan solo 6 años.
Con ese ritmo de crecimiento se estima que para 2029 esos satélites podrían suponer el 40 % de la contaminación atmosférica derivada de la actividad espacial y liberarán anualmente alrededor de 870 toneladas de hollín.
La cadencia de su crecimiento no parece que vaya a disminuir. Se rumorea que Elon Musk pretende poner en órbita un millón de satélites. Si bien parece una cifra del todo exagerada, deja entrever los pretenciosos objetivos de SpaceX.
La preocupante situación empuja a la búsqueda de combustibles menos contaminantes y del desarrollo de tecnología para hacer los satélites más duraderos. Mientras tanto, los científicos continúan evaluando el impacto medioambiental de esta nueva actividad.