Del 'Russiagate' al 'Chinagate': ¿qué busca Trump con las acusaciones de injerencia extranjera?

El mandatario volvió a denunciar una supuesta intervención extranjera en las elecciones de EE.UU., esta vez señalando a China.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirigió este jueves a la nación en un discurso que había generado una enorme expectación después de que él mismo lo anunciara como un mensaje "muy urgente".

Sin embargo, lejos de presentar medidas extraordinarias, el inquilino de la Casa Blanca acusó a China de interferir en las elecciones estadounidenses, reavivando una vieja tradición política de Washington basada en denunciar supuestas injerencias extranjeras en sus asuntos internos.

Expertos consideran que las nuevas acusaciones buscan movilizar al electorado de cara a las próximas elecciones, aunque advierten de que chocan con la línea de distensión que el propio Trump ha intentado mantener hacia Pekín durante su segundo mandato.

Creando el 'Chinagate'

Durante su intervención, Trump arremetió contra China, acusándola de haber interferido en las elecciones estadounidenses. 

En particular, Trump señaló que las pruebas muestran que "a lo largo de varios años —a partir del ciclo electoral de 2020—, la República Popular China llevó a cabo lo que se considera la mayor filtración de datos electorales de la historia". Según dijo, esto se habría traducido en "la adquisición ilícita por parte de China de 220 millones de expedientes de votantes estadounidenses".

El inquilino de la Casa Blanca detalló que se trata de "nombres, direcciones, números de teléfono, preferencias políticas y otros datos sensibles" que son necesarios para inscribirse en el censo electoral o para "llevar a cabo otras actividades ilícitas".

En este sentido, el jefe de Estado de EE.UU. afirmó que el encubrimiento de esta brecha de seguridad resulta aún más inquietante, porque, de acuerdo con información adicional, China habría llevado a cabo otras actividades relacionadas con las elecciones para socavar su primera administración y la campaña en 2020. "No lo querían, y es que, simplemente, no lo querían. Lucharon con uñas y dientes para evitar que Donald Trump ganara, y con razón", manifestó.

El precedente del 'Russiagate'

Durante la última década, la política estadounidense también estuvo marcada por la narrativa de la supuesta injerencia rusa en las elecciones presidenciales, conocida como 'Russiagate'.

Para saber cómo Obama orquestó el 'Russiagate' lea esta nota

En 2025, la entonces directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., Tulsi Gabbard, denunció que había evidencia indiscutible de que la Administración Obama promovió la "narrativa inventada" de que Rusia interfirió en las elecciones presidenciales del país norteamericano de 2016, que concluyeron con la victoria de Trump para su primer mandato.

"Hay pruebas irrefutables que detallan cómo el presidente Obama y su equipo de seguridad nacional dirigieron la creación de una evaluación de la comunidad de inteligencia que sabían que era falsa", apuntó la funcionaria en una conferencia de prensa. "Sabían que promovería esta narrativa inventada de que Rusia interfirió en las elecciones de 2016 para ayudar a ganar al presidente Trump, vendiéndola al pueblo estadounidense como si fuera cierto. No lo era", agregó.

Gabbard acusó a las autoridades del momento de colaborar con "sus socios en los medios de comunicación para promover esa mentira, con el fin último de socavar la legitimidad del presidente Trump y lanzar lo que sería un golpe de Estado de varios años contra él y su administración".

Rusia y China rechazan las acusaciones

Moscú rechazó las nuevas acusaciones del líder estadounidense.

"El presidente hace referencias a una información anónima y sin pruebas de los servicios de inteligencia de su país hablando de una intromisión rusa en las elecciones presidenciales", declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

"Recuerdo que se han realizado varias investigaciones en EE.UU. y que todas ellas llegaron a la conclusión que Rusia no se había inmiscuido en las elecciones en EE.UU. Fueron indagaciones no de nuestros cuerpos del orden, sino de los estadounidenses", subrayó.

Por su parte, la Embajada de China en Washington aseguró que Pekín nunca ha intervenido en un proceso electoral estadounidense. "La parte china siempre se ha adherido al principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Las elecciones en Estados Unidos son un asunto interno de ese país y su resultado lo determinan los votos del pueblo estadounidense", aseveró la legación diplomática.

¿Por qué reaparece la narrativa de la injerencia?

En declaraciones a RT, Maxim Gabrielián, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú, consideró que la seguridad constituye una prioridad absoluta para Trump durante su segundo mandato y que ahora busca extender ese discurso también al sistema electoral.

"Quiere endurecer los mecanismos de verificación de identidad para impedir que los inmigrantes ilegales puedan votar y garantizar que solo participen ciudadanos estadounidenses. La narrativa de la injerencia extranjera le sirve como un argumento adicional para impulsar esa agenda", explicó.

Una valoración similar expresó el periodista Valentín Bogdánov, quien, en una columna publicada por RT, sostuvo que la prioridad política de Trump antes de las elecciones es sacar adelante la SAVE Act, un proyecto de ley que obligaría a los votantes a presentar documentos oficiales para poder participar en los comicios.

Contradiciendo su propia estrategia

No obstante, Gabrielián considera que las nuevas acusaciones contra Pekín contradicen la línea de política exterior que Trump ha tratado de construir desde su regreso a la Casa Blanca.

"Una de las principales novedades de su segunda Administración es que, en esencia, Trump reconoce tanto a Rusia como a China como grandes potencias iguales a Estados Unidos y considera que deben ser tratadas con respeto. No significa que deban ser aliadas ni que Washington tenga que hacer concesiones, pero sí que es necesario mantener una relación basada en el respeto mutuo", indicó.

Según el analista, esa visión buscaba precisamente reducir el nivel de confrontación entre Washington y Pekín. "El problema es que convertir ahora a China en el principal blanco de estos ataques puede terminar dañando seriamente esa estrategia de normalización de las relaciones con Pekín", advirtió.

En cualquier caso, concluyó que todavía está por verse si el electorado estadounidense responde a un discurso que vuelve a presentar a Rusia y China como amenazas, después de los intentos de rebajar la tensión en los últimos meses.