El nivel del agua del río Rin, una de las principales arterias comerciales del mundo por la que transitan cada año cientos de millones de toneladas de mercancías, ha caído hasta mínimos no vistos en décadas, lo que amenaza con provocar un fuerte impacto económico en Alemania y en varios países del corazón de Europa.
Una sequía histórica
La semana pasada, el nivel del Rin descendió hasta apenas 53 centímetros en el estratégico paso de Kaub, cerca de Fráncfort, el registro más bajo para un mes de julio en décadas, informa The Telegraph.
Cuando el nivel del agua cae por debajo de los 80 centímetros, las barcazas se ven obligadas a reducir considerablemente su carga para poder navegar, lo que dispara de inmediato los costes del transporte.
El Rin es una de las vías fluviales más transitadas del planeta. Cada día, unas 6.900 embarcaciones recorren sus 1.233 kilómetros transportando materias primas, combustibles y productos industriales.
El río ya experimentó episodios similares en 1947, 1959, 1964 y 1976, aunque sobre todo en 2018, cuando una sequía histórica obligó a detener la actividad de varias plantas industriales situadas en sus orillas y redujo el crecimiento económico alemán. Según Bloomberg, si las lluvias no llegan pronto, la crisis de 2026 podría igualar o incluso superar la gravedad de la registrada hace ocho años.
Efecto dominó en Europa
Si el nivel del Rin continúa descendiendo, el tráfico fluvial se reducirá aún más, afectando no solo a Alemania, sino también a varios países vecinos, advierte el analista energético Javier Blas.
En ese escenario, Suiza podría verse obligada a recurrir en cuestión de semanas a sus reservas estratégicas de petróleo, ya que tendría dificultades para recibir suficiente combustible refinado —como diésel— desde el eje petrolero Amberes-Róterdam-Ámsterdam, que normalmente llega al país por vía fluvial.
Paralelamente, las plantas petroquímicas y las acerías alemanas podrían verse obligadas a reducir su producción por la escasez de materias primas procedentes de los puertos del mar del Norte.
Tampoco se descartan problemas de abastecimiento de combustible en algunas regiones de Alemania. Tras el encarecimiento de la energía provocado por la guerra con Irán, numerosas empresas han reducido al mínimo sus existencias de carburantes durante los últimos meses y operan con escasos márgenes de seguridad.
Durante la prolongada bajada del nivel del Rin en 2018, la producción industrial alemana cayó un 1,5 %, lo que restó un 0,4 % al PIB del país, según estimaciones del Instituto de Kiel.
Alternativas costosas
Al igual que ocurre con el estrecho de Ormuz o el de Bab el Mandeb, existen rutas alternativas para mantener el flujo comercial, aunque ninguna resulta sencilla ni barata.
La primera consiste en utilizar una nueva generación de barcazas diseñadas específicamente para navegar con niveles de agua extremadamente bajos, desarrolladas tras la crisis de 2018. Por ahora, estas embarcaciones aún pueden atravesar el paso de Kaub, pero solo reduciendo drásticamente su carga para evitar encallar.
La semana pasada, la carga media transportada por estas barcazas cayó hasta apenas 800 toneladas, frente a las 5.100 habituales. Si el nivel del agua sigue descendiendo, incluso este tipo de embarcaciones podría dejar de ser rentable en cuestión de días, advierte Javier Blas.
La necesidad de utilizar un mayor número de barcos para transportar el mismo volumen de mercancías ya ha disparado las tarifas del transporte fluvial. Actualmente, trasladar una tonelada de carga desde Róterdam hasta los destinos situados al sur de Kaub cuesta cerca de 150 euros (unos 170 dólares), un máximo histórico que supera en unas siete veces el coste en condiciones normales.
La segunda alternativa consiste en trasladar la carga por ferrocarril. Sin embargo, Alemania está renovando este verano una de las principales líneas ferroviarias paralelas al Rin.
Aunque existen otras rutas, obligan a realizar importantes desvíos, incrementando tanto los costes como los tiempos de entrega y reduciendo la capacidad de transporte. El último recurso es el transporte por carretera, pero sustituir una sola barcaza requiere al menos un centenar de camiones, por lo que esta opción solo se utiliza en situaciones críticas, concluye Bloomberg. La situación actual podría tener consecuencias similares y asestar un nuevo golpe a la economía alemana, que ya atraviesa un periodo especialmente complicado.