Serendipia. Así se denota el hecho de encontrar inesperadamente una cosa valiosa cuando se busca otra. Eso fue lo que le pasó a la madre buscadora mexicana Margarita López cuando, mientras desenterraba un fémur humano de una fosa clandestina con sus propias manos, una humareda en un cerro de la población de Zacapu, en el estado de Michoacán, llamó su atención.
El fuego persistente la hizo acercarse a lo que, sospechaba, era un crematorio clandestino, según reportó Milenio. No erró. Al empezar a cribar los restos, se topó con un hallazgo inesperado: un hueso que, por su forma, parecía un diente de un niño pequeño. Un perito confirmó sus sospechas. Corría el año 2021. A la fecha, han encontrado unos 1.600 dientes de leche en ese emplazamiento, precisó el periodista Óscar Balderas, quien conversó con Margarita sobre ese tema.
A la sorpresa siguió la acción. Las buscadoras apelaron a tamices más finos para separar la tierra de los restos óseos y no pararon de encontrar evidencia del horror: cientos de niños, de entre uno y seis años, habrían sido incinerados en ese paraje.
La pregunta que surge es por qué. No se ha determinado si los menores fueron quemados vivos o, por lo contrario, se pretendió desaparecer sus cadáveres por la vía de la incineración. Margarita avanzó que aunque no tiene certezas, los niños podrían haber sido víctimas de trata, abuso sexual, pornografía infantil o tráfico de órganos, pues el crimen organizado también ha extendido sus tentáculos hacia esas actividades ilícitas.
Para establecer la identidad de los menores y determinar la causa de su deceso, los restos deberán ser sometidos a análisis forenses y a pruebas de ADN. Según cifras oficiales, México acumula más de 131.000 personas desaparecidas, mientras que unos 72.000 restos o cuerpos están bajo custodia de los servicios forenses, a la espera de su identificación.


