Una red de explotación infantil que afligió a la localidad galesa de Rhyl ha sido finalmente desmantelada por la Justicia del Reino Unido, dejando al descubierto no solo brutales episodios de abuso, sino la fría indiferencia de los perpetradores y graves fallas policiales que permitieron que los crímenes se prolongaran durante años, recoge Metro.
El líder de la banda, Mustafa Iqbal, de 43 años, utilizó sus empleos en el sector de comida rápida y el tráfico de drogas para identificar a menores vulnerables en las calles, suministrándoles alcohol, cannabis y crack para sumergirlas en un estado de indefensión.
Iqbal convirtió a una adolescente de 16 años en su "esclava sexual" —llegando casi a ser sorprendido por sus propios hijos mientras la agredía en su domicilio— y acumuló condenas por cuatro violaciones, trata de personas e imposición de trabajo forzado, por lo que fue sentenciado a 30 años de prisión.
La indignación social se intensificó tras conocerse las cínicas declaraciones de uno de sus cómplices, Ziaullah Badshah, de 25 años. Durante los interrogatorios policiales, el sujeto intentó desligarse de la responsabilidad sobre los abusos espetando a los detectives: "Si no puedes cuidar a tus hijos, no los tengas".
Badshah recibió una pena de 17 años de cárcel por violación y trata, la misma tipificación bajo la cual Mohammed Arshad, de 36 años, fue condenado a 19 años tras las rejas.
El caso ha desatado duras críticas hacia la Policía del Norte de Gales. Pese a que las primeras agresiones contra adolescentes de 14 y 15 años ocurrieron en 2022, las autoridades desestimaron inicialmente los cargos contra Iqbal alegando "problemas probatorios", incluso después de revisiones en 2023. Esta inacción permitió a Iqbal violar órdenes de alejamiento y trasladar sus agresiones al domicilio de Sarah Gray, de 53 años, quien facilitó su vivienda como refugio seguro a cambio de drogas, antes de que una investigación a gran escala pusiera fin a la impunidad del grupo.