El más emblemático de los monumentos franceses ha quedado envuelto en una fuerte tormenta institucional que se saldó este martes con la salida de su máxima autoridad. Patrick Branco Ruivo, director general de la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE), anunció que dejará su cargo a finales de año tras el escándalo suscitado por la marginación de trabajadoras durante la visita de un grupo religioso ultraconservador.
El detonante de la crisis ocurrió a principios de mes, cuando personal femenino de la estructura parisina fue apartado de sus funciones durante el recorrido de representantes del movimiento hindú Bochasanwasi Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha. El caso de discriminación desató una ola de indignación pública y derivó en una huelga de personal el pasado 7 de septiembre.
Tras la polémica, el alcalde de París, Emmanuel Grégoire, ordenó dos investigaciones —una a cargo de una consultora externa y otra promovida por la propia Alcaldía, propietaria de 99 % del monumento— para esclarecer lo que calificó como una decisión "absurda, inicua e inaceptable". Las indagaciones en la SETE confirmaron una cadena de fallas organizativas y graves deficiencias en la gestión de visitas protocolarias, que derivaron en la marginación inaceptable de las empleadas.
Aunque la Alcaldía valoró la renuncia de Branco Ruivo como una "decisión responsable" y reconoció su gestión desde 2018, la administración parisina enfatizó la urgencia de reestructurar la dirección para evitar que un incidente similar vuelva a repetirse.


