EE.UU. dará un paso militar sin precedentes en la isla japonesa más cercana a Taiwán

La próxima llegada de misiles antibuque para maniobras conjuntas coincide con una grave crisis regional y el malestar de China por la actividad militar extranjera cerca de su frontera.
Resumen generado por IA
  • Estados Unidos desplegará por primera vez su sistema terrestre no tripulado de misiles antibuque NMESIS en la isla japonesa de Yonaguni, ubicada a unos 110 kilómetros de Taiwán.

  • Las maniobras Keen Sword, programadas del 19 al 29 de octubre, evaluarán la movilidad de esta tecnología de defensa costera e integrarán, también por primera vez, el dispositivo de defensa aérea MADIS.

  • Pekín critica la acumulación de equipamiento militar cerca de sus fronteras, en un momento en que sus relaciones bilaterales con Tokio registran mínimos históricos.

  • La iniciativa coincide con el giro estratégico de Japón hacia la militarización y el desarrollo nuclear, un cambio de rumbo fuertemente cuestionado tanto por China como por Rusia.

Estados Unidos desplegará por primera vez su plataforma terrestre no tripulada de misiles antibuque NMESIS en la isla japonesa de Yonaguni, a unos 110 kilómetros de Taiwán, informa SCMP. La oficina de defensa de Okinawa detalló que este movimiento busca respaldar el entrenamiento en la guarnición local, donde las fuerzas estadounidenses y las de Autodefensa de Japón establecerán un centro de coordinación conjunta para ejecutar simulacros de defensa territorial.

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El ejercicio bilateral Keen Sword, programado entre el 19 y el 29 de octubre, pondrá a prueba la alta movilidad de este sistema. Empleado por el Cuerpo de Marines de EE.UU., tiene un alcance de más de 185 kilómetros y está diseñado para la defensa costera y la neutralización de buques desde tierra. Las unidades no solo se desplegarán en Yonaguni, también retornarán a la isla de Ishigaki, a unos 240 kilómetros de Taiwán, donde ya operaron el año pasado.

Además de la artillería antibuque se sumará por primera vez en la zona el sistema móvil de defensa aérea de corto alcance MADIS, concebido para rastrear y neutralizar drones y aeronaves que vuelan a baja altura. El mando de los marines en Okinawa indicó que "el NMESIS y el MADIS representan un paso significativo hacia adelante en los esfuerzos de modernización del Cuerpo de Marines". Con esta iniciativa, las fuerzas conjuntas buscan consolidar la disuasión militar a lo largo de la denominada 'primera cadena de islas'.

Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha criticado el incremento de la presencia militar en áreas cercanas a sus fronteras marítimas. Su portavoz, Guo Jiakun, señaló en abril que este tipo de operaciones fomenta la confrontación y amenaza la paz y la estabilidad regional. Este distanciamiento coincide con el punto más bajo en décadas de los lazos entre Pekín y Tokio, que se tensaron tras las declaraciones de las autoridades japonesas sobre la necesidad de dar una respuesta militar en caso de que Taiwán sea atacado.

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El estatus de Taiwán y las fricciones en el estrecho

El trasfondo de las tensiones responde a la situación geopolítica en torno a Taiwán, isla que mantiene un gobierno autónomo desde 1949 y que China considera una parte inalienable de su territorio, una postura respaldada por la gran mayoría de las naciones. No obstante, las aguas del estrecho registran una fricción constante debido a las maniobras militares que las fuerzas taiwanesas realizan periódicamente con equipo provisto por Estados Unidos, sumadas a los ejercicios conjuntos de los miembros de la OTAN y aliados de la región. Washington mantiene relaciones formales con Pekín pero extraoficiales con Taiwán, siendo su principal proveedor de armas, lo que causa fricción constante con China.

Frente a este panorama, las autoridades chinas insisten en que la vía militar representa únicamente un último recurso. Aunque Pekín se reserva ese derecho como cualquier Estado soberano, insiste en que la vía militar sería un último recurso para resolver la disputa. 

El rearme de Japón

Por otro lado, estas maniobras coinciden con un cambio profundo en la política exterior de Japón. En los últimos años, Tokio comenzó a dejar de lado su tradicional estrategia pacifista para endurecer su retórica frente a China y Rusia, acelerando un rumbo de militarización y avance hacia capacidades nucleares. Este viraje despertó un fuerte recelo en Pekín, Moscú y otros países, cuyos gobiernos cuestionaron abiertamente el rearme japonés.

La Cancillería china criticó al Gobierno japonés por evitar una reflexión sincera sobre las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y por intentar diluir su responsabilidad histórica. Según Pekín, estas decisiones "alarmaron aún más a los vecinos asiáticos y a la comunidad internacional respecto a lo que realmente está haciendo Japón".

Moscú coincidió con este reclamo e instó a las autoridades japonesas a abandonar cualquier intento de "retocar las páginas inhumanas de su propia historia", y recordó que Japón fue "uno de los principales agresores de la Segunda Guerra Mundial".