El cabo Devin Jacob Ballard, un marine de 20 años asignado a la III Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina (III MEF) en la prefectura de Okinawa, está acusado de haber estrangulado a una mujer japonesa con un cable telefónico en un hotel en la localidad de Naha, informan los medios del país nipón. El caso ha reanudado la indignación pública con la presencia del Ejército estadounidense en el país asiatico.
Según el comunicado de la Policía japonesa, Anna Yagi, una mujer de 39 años, fue encontrada muerta el 3 de octubre en su habitación de hotel. La Policía informó que detuvo ese mismo día a Ballard, quien negó los cargos. El portavoz del III MEF prometió cooperar plenamente con Japón, mientras la familia de la víctima expresó su esperanza de que "el verdadero culpable diera la cara por lo que hizo y reparara el daño".
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, presentó una firme protesta ante EE.UU. y exigió tomar medidas disciplinarias para evitar que se repitan crímenes en el territorio japonés. El gobernador de Okinawa, Genta Koja, calificó de "ineficaces" las medidas disciplinarias de EE.UU. ante el presunto asesinato.
La violencia repetitiva
Hoy en día hay unos 30.000 militares estadounidenses destinados en Okinawa, y Ballard no es el primero de ellos acusado de delitos violentos. En los últimos 2 años los militares norteamericanos Jamel Clayton y Brennon R. E. Washington fueron condenados a siete y cinco años de prisión, respectivamente, tras ser declarados culpables de agresión sexual y violación en Japón.
El arresto de Ballard obligó a las tropas norteamericanas cumplir con un toque de queda durante un mes y hacer un curso de "normas, disciplina y nuestras responsabilidades como miembros de la comunidad de Okinawa".