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La 'bazuca' que tiene Trump incluso si los republicanos pierden las elecciones de medio término

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El mandatario estadounidense conservará el veto presidencial incluso si los demócratas ganan la mayoría en el Congreso, y anularlo requiere dos tercios de votos en ambas Cámaras.
La 'bazuca' que tiene Trump incluso si los republicanos pierden las elecciones de medio término

Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre de 2026, podrían cambiar el equilibrio de poder en Washington, pero Donald Trump ya tiene preparada su respuesta si los republicanos pierden el control del Congreso: el veto presidencial. A un día de las votaciones, el jefe de Estado declaró que recurrirá a sus facultades ejecutivas para bloquear la agenda demócrata si es necesario.

"Señor Veto"

"Supongo que me convertiré en el señor Veto", afirmó Trump el 1 de noviembre en un pódcast para The New York Post. "No voy a dejar que lo arruinen", advirtió el mandatario, sugiriendo que aún podrá lograr avances incluso si los demócratas ganan las elecciones de medio término. "Y en algún momento, probablemente lleguemos a acuerdos. Eso es lo que ha pasado. Quiero decir, esto no sería la primera vez", añadió.

En este contexto, Trump explicó su estrategia: "Te estarán enviando cosas. Tú las vetarás. Y eventualmente, después de uno o dos meses de que todo sea vetado —simplemente están desperdiciando [tiempo]—, vienen y haces un acuerdo. Creo que probablemente eso pasaría, pero con suerte no tendremos que preocuparnos por eso".

Incluso si los republicanos pierden la mayoría en ambas Cámaras, Trump conservará la facultad de rechazar los proyectos de ley aprobados por el Congreso. Para superar ese veto se necesita una mayoría de dos tercios de los legisladores que voten en cada Cámara, un umbral que, según los expertos, los demócratas difícilmente alcanzarían por sí solos. Sin embargo, esto no significa que pueda bloquear cualquier actividad del Legislativo.

¿Qué puede hacer Trump con el veto?

El veto presidencial es una de las herramientas más poderosas del mandatario estadounidense para detener leyes aprobadas por el Congreso. Según el artículo I, sección 7 de la Constitución, el mandatario tiene 10 días (excluyendo domingos) para actuar sobre un proyecto de ley aprobado por ambas Cámaras. Si decide no firmarlo, puede devolverlo al Congreso con un memorándum de objeciones, conocido como 'mensaje de veto' en la modalidad regular.

Para anular ese veto regular, se requieren dos tercios de los legisladores que participen en la votación, siempre que haya quórum presente. En números concretos, si todos los miembros votan, se necesitan 290 votos en la Cámara de Representantes y 67 en el Senado. Basta con que una sola Cámara no alcance ese umbral para que el veto se mantenga y el proyecto de ley quede bloqueado definitivamente. La Cámara que originó el proyecto es la primera en votar sobre su reconsideración.

George Washington emitió el primer veto presidencial regular el 5 de abril de 1792, y la primera anulación exitosa de un veto ocurrió el 3 de marzo de 1845, cuando el Congreso superó el veto del presidente John Tyler.

Además, existe el 'veto de bolsillo', que es absoluto y no puede ser anulado por el Congreso. Este mecanismo se activa cuando el mandatario no firma un proyecto de ley y los legisladores se encuentran en receso, imposibilitando la devolución del documento y su reconsideración. La Constitución establece que si "el Congreso mediante su receso impide su devolución", la propuesta "no será ley".

A lo largo de la historia ha habido disputas sobre qué tipos de recesos califican para este veto, pero los tribunales modernos han establecido que el presidente solo puede usar el 'veto de bolsillo' cuando el Congreso se encuentra en receso 'sine die' (indefinido) al final de una sesión. El presidente James Madison fue el primero en usar este mecanismo en 1812.

La Constitución no obliga a ninguna Cámara a votar directamente sobre un proyecto vetado. El Congreso puede, por ejemplo, remitir el proyecto a un comité o simplemente no actuar sobre él, en cuyo caso el documento 'muere' al final del período legislativo. Sin embargo, la amenaza misma de un veto presidencial puede modificar el contenido de la legislación mucho antes de que llegue al escritorio del del jefe de Estado, convirtiendo este poder en una herramienta de negociación constante entre el Ejecutivo y el Legislativo.

¿Cuántas veces ha usado Trump el veto?

El recurso sobre el veto presidencial no sería una novedad para Donald Trump. Durante su primer mandato (2017-2021), ya demostró estar dispuesto a usar esta herramienta constitucional para bloquear iniciativas del Congreso controlado por los demócratas.

En total, ejerció el derecho de veto en 10 ocasiones, todas durante el 116.º Congreso (2019-2021), cuando la Cámara de Representantes quedó bajo control del Partido Demócrata. El Legislativo logró anular su decisión reuniendo más de dos tercios de los votos en ambas Cámaras solo una vez.

Hasta el momento, en su segundo mandato Trump ha vetado únicamente dos proyectos de ley.

Trump contra todos: ¿puede un Congreso demócrata frenarlo?

Expertos en política estadounidense coinciden en un punto: incluso si los demócratas toman el control del Congreso en las elecciones de mitad de mandato, Donald Trump conservará una herramienta poderosa para bloquear sus iniciativas. La pregunta no es si el presidente usará el veto, sino con qué frecuencia lo hará y si el Congreso logrará reunir los votos necesarios para anularlo.

Ross K. Baker, profesor emérito de Ciencia Política y especialista en el Congreso, pronostica que Trump vetará los proyectos de ley de una mayoría demócrata. Incluso los escenarios más optimistas para los demócratas, según el especialista, no contemplan una mayoría capaz de anular el veto en ambas Cámaras. "Él no es conciliador y podría vetar todo lo que llegue a su escritorio desde un Congreso demócrata", señaló el académico en un análisis publicado el 23 de octubre de 2026.

Baker advierte que la pérdida de cualquiera de las Cámaras ante los demócratas eliminaría la posibilidad de legislación importante proveniente del Congreso. "Con sólidas mayorías demócratas en ambas Cámaras, cualquier iniciativa legislativa importante de Trump sería completamente imposible. Incluso si un Congreso demócrata aprueba legislación popular, como la reducción de costos de atención médica, Trump ciertamente la vetará", explicó.

A su vez, Michael O'Hanlon, del Instituto Brookings, coincide en que incluso con una modesta ventaja demócrata, Trump probablemente contaría con suficiente apoyo republicano para sostener sus vetos en temas clave. No obstante, O'Hanlon identifica un área donde los demócratas sí podrían ejercer influencia real: el presupuesto de defensa.

Si los demócratas obtienen el control de una o ambas Cámaras, los esfuerzos de Trump por conseguir 350.000 millones de dólares en financiamiento "obligatorio" para el año fiscal 2027, prácticamente no tendrían posibilidades, ya que el Congreso insistiría en el proceso presupuestario normal y la supervisión anual. "Esto puede no parecer gran cosa, pero la normalidad y los controles y contrapesos deben comenzar en algún lugar", concluyó el analista en su estudio del 22 de octubre de 2026.

Asimismo, Rogier Quaedvlieg, economista sénior de ABN AMRO, ofrece una perspectiva más directa: "Trump puede detener todo, pero nada puede detener a Trump". Explica que el cambio de mayoría no necesariamente alterará la dirección política, ya que el jefe de Estado conserva el veto y obtener una mayoría demócrata para anularlo es prácticamente imposible.

Sin embargo, el economista reconoce limitaciones: los tribunales pueden invalidar órdenes ejecutivas que consideren ilegales, y los demócratas tendrían poder de negociación al aprobar el financiamiento del Gobierno y elevar el techo de deuda. "La Administración Trump ha estado gobernando mediante órdenes ejecutivas, evitando al Congreso, lo que hace que su composición sea menos relevante", señaló Quaedvlieg.

Precisa que cualquier cambio en el equilibrio de poder no será inmediato. El nuevo Congreso prestará juramento el 3 de enero de 2027, según establece la 20.ª Enmienda de la Constitución. Hasta entonces, los actuales legisladores continuarán en funciones durante la llamada 'sesión del pato cojo', período en el que los congresistas salientes mantienen plenos poderes legales, aunque políticamente actuar resulta más difícil si su partido perdió las elecciones.

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