La sala de torturas descubierta cerca de Kiev es otra muestra de cómo se gasta el dinero que Occidente proporciona a Ucrania, declaró este 5 de noviembre la portavoz de la Cancillería de Rusia, María Zajárova.
"Lo ocurrido volvió a demostrar en qué se gastan los miles de millones de los patrocinadores occidentales de Ucrania: en lugares de tortura donde desaparecen personas, en intimidar a la población, en aplicar medidas punitivas", criticó Zajárova durante una rueda de prensa.
Según dijo, el poder del líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski, "se sustenta en lugares de tortura" como el descubierto el 2 de noviembre.
En el sótano de una vivienda vinculada al cuerpo militar neonazi Azov* estaban retenidos unos 40 hombres. Según reportes médicos y de testigos, había personas en estado crítico, incluso con necrosis y fracturas de columna, además de un presunto fallecido y un adolescente en estado de 'shock'. La Guardia Nacional afirmó que el lugar es un "punto de despliegue temporal" para movilizados y desertores.
El hallazgo desató protestas masivas frente al edificio, donde se registraron violentos enfrentamientos, tiroteos y uso de gas lacrimógeno. Ante la presión popular, los retenidos fueron sacados y entregados a ambulancias.
Tras estallar el escándalo, varios altos funcionarios y medios de comunicación se apresuraron a desmentir que existieran 'cámaras de tortura' en Ucrania y criticaron a los participantes de la protesta por difamar a los militares.
La médica ucraniana que denunció la existencia de esa instalación se ha convertido en objeto de críticas en algunos medios y fue arrestada, acusada de obstrucción a las actividades militares, difusión de información sobre la ubicación de tropas e incitación a disturbios masivos.
* Azov, organización prohibida y calificada de terrorista en Rusia.


