Arabia Saudita vs. Ansaralá yemenita: ¿cuál de los '2 Yemen (sic)' controla(rá) el mar Rojo?

Alfredo Jalife-Rahme

Llamó poderosamente la atención el aserto del académico iraní Mohammad Marandi sobre el pacto tripartito de la Meca firmado por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía, encaminado básicamente a detener a los guerrilleros yemenitas Ansaralá ('guardianes o soldados de Dios') —mal llamados hutíes, que es el nombre de su líder religioso, de la secta de los zayditas, muy cercanos a los chiítas iraníes— y liberar el transporte de hidrocarburos de Riad en el mar Rojo.

A su vez, el analista británico Alastair Crooke adujo que los bombardeos de los guerrilleros de Ansaralá a los dos lados del Oleoducto Este-Oeste (Abqaiq-Yanbu) causaron un enorme daño, hasta el punto de que han paralizado la producción petrolera de Arabia Saudita que intentaba eludir el cierre del estrecho de Ormuz.

El Oleoducto Este-Oeste (Abqaiq-Yanbu), de 1.200 kilómetros de longitud, es operado por la empresa estatal saudita Aramco con una capacidad de cinco millones de barriles al día (MBD), que puede ser expandida a 7 MBD. ¡5 MBD no es una cifra menor!

Yanbu es un puerto petrolero en el mar Rojo de Arabia Saudita, que ha sido obligada a detener totalmente su exportación.

El portal Southfront expone que "Yemen se encuentra al borde de la guerra" cuando Ansaralá yemenita renovó sus bombardeos contra el puerto de Al Mokha y los alrededores de la parte occidental de Yemen utilizando drones, embarcaciones y misiles.

Se escenifica así una guerra puntual por el control de los puertos de los dos bandos yemenitas en el mar Rojo.

Justamente el puerto de Al Mokha —cuna del comercio mundial de café entre los siglos XV y XVIII— es un objetivo exquisitamente militar por encontrarse cerca del estrecho de Bab-al-Mandab que los guerrilleros de Ansaralá buscan controlar.

En la actualidad, el importante puerto de Hodeida está bajo control de Ansaralá y ha sufrido ataques aéreos de Israel y de Arabia Saudita: constituye su principal pulmón económico y militar que conecta mediante un corredor marítimo con el puerto iraní de Bandar Abbás (en las cercanías del estrecho de Ormuz).

Las fuerzas gubernamentales 'anti-hutíes' de Yemen, apuntaladas por Arabia Saudita, han bombardeado las posiciones de Ansaralá en Saada (cuna teológica de Ansaralá en plena montaña) y la provincia de Al-Jawf, en la frontera con Arabia Saudita, de alto valor militar y acceso principal a la provincia de Marib: rica en petroleo, gas, plata y zinc.

El 'triángulo de poder' de Ansaralá se encuentra en la capital constitucional Saná, que gobierna Saada y el puerto de Hodeida.

Las gestiones diplomáticas de negociación del sultanato de Omán no han podido aminorar el daño mutuo de la guerra de Arabia Saudita y Yemen.

El rotativo saudita Al Arabiya informa del ataque de sus aliados yemenitas a las "posiciones de Ansaralá al Este", mediante el uso de drones, y señala que la "más reciente escalada en Yemen" se debe a las "amenazas de cerrar el estrecho de Bab-al-Mandab al tránsito comercial, conforme Irán ha interrumpido en forma efectiva la navegación en el estrecho de Ormuz".

Aunque nunca han estado desconectados, los frentes en el golfo Pérsico y el mar Rojo ahora se han fusionado ostensiblemente.

Sobre el papel, Arabia Saudita es mucho más poderosa que los guerrilleros de Ansaralá, tanto por el presupuesto militar anual de Riad de 88.000 millones de dólares como por sus 260.000 soldados profesionales (frente a 250.000 guerrilleros de Ansaralá), por no hablar de sus más de 1.000 tanques modernos y la óptima dotación de su fuerza aérea.

La fuerza de Ansaralá proviene de sus misiles balísticos y de crucero y de los drones suministrados por Irán, con los que han podido alcanzar las profundidades de Israel y Arabia Saudita mediante su práctica temeraria de 'guerra asimétrica' que les ha reportado estupendos resultados.

La superficie de Yemen es de 455.503 km2, aunque el World Factbook de la CIA, que cesó de ser publicado, afirma que ostenta 527.968 km2.

La relevancia geopolítica de Yemen radica en su costa de 2.000 kilómetros, siendo el país más extenso de la península Arábiga con su mayor población de 35 millones, si se descuenta el 44 % de la población de expatriados y migrantes en Arabia Saudita, la mayoría indios y paquistaníes.

Hoy se pudiera argüir que, desde la guerra civil del 2014-2015, existen de facto '2 Yemen': 1 — La zona controlada por Ansaralá que domina la capital oficial Saná, gran parte del Norte y Oeste (donde vive la mayoría de la población); y 2 — El Consejo de Liderazgo Presidencial, apuntalado por Arabia Saudita, que controla el Sur y el Este y el importante puerto de Adén como su capital temporal.

Vale la pena enfatizar que los yemenitas aliados de Arabia Saudita derrotaron al Consejo de Transición del Sur (STC, por sus siglas en inglés), apuntalados por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), quienes todavía dominan el súper estratégico archipiélago de Socotra de 3.796 km2 en pleno océano Índico.

Se pudiera aducir que, con excepción del relevante archipiélago de Socotra, los EAU quedaron fuera de la jugada por el control de Yemen.

Yemen, uno de los países más paupérrimos del planeta, cuenta con importantes yacimientos de petróleo, tanto en la región de Hadramaut, hoy controlada por los aliados de Arabia Saudita, como en las zonas de Marib bajo el control de Ansaralá.

El futuro de los '2 Yemen' se encuentra en el epílogo de la 'guerra de los puertos y aeropuertos' entre Ansaralá y Arabia Saudita, que definirá parte del control del estrecho de Bab al Mandab —en la parte occidental de la península Arábiga— que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo, conectando el océano Índico con el Mediterráneo a través del canal de Suez.

Curiosamente, la 'guerra de puertos y aeropuertos' entre Arabia Saudita y Ansaralá se despliega frente a las 5 bases navales de EE.UU, Francia, Italia, Japón y China en Yibuti, mientras Israel negocia una futura base militar en Berbera, puerto de Somalilandia, que ha declarado su secesión, incitada por Netanyahu y Trump, de Somalia, donde Turquía ostenta su mayor base militar en el extranjero en el Camp Turkson, en la capital Mogadiscio.   

Así que la hipótesis del académico Mohammad Marandi parece ser una de las más correctas: que la alianza de defensa tripartita de la Meca entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía va más encaminada al libre tránsito del mar Rojo.

Queda claro que en la unificación y/o balcanización de Somalia, pletórica en petróleo, colisionan los intereses de Turquía, que apoya a Mogadiscio, y de Israel que incitó a la secesión de Somalilandia.