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Sismo en Venezuela: solidaridad (y mezquindad)

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Sismo en Venezuela: solidaridad (y mezquindad)

Es casi como un reflejo: algunos 'periodistas' escuchan la palabra 'Venezuela' y de una vez se les activa el impulso de empezar a hablar del 'rrrégimen' iniciado por Hugo Chávez. No importan las circunstancias, es algo casi automático, como los perritos de Pávlov que comenzaban a salivar cuando el científico ruso hacía sonar una campanilla. Con perdón de los perritos por la comparación, que ellos no tienen culpa de las bajezas de otros mamíferos.

Hemos podido comprobarlo tras el devastador evento sísmico que ha sacudido al país caribeño. Casi que ni había terminado de temblar el 24 de junio, y ya varios medios salían a afirmar que buena parte de la catástrofe —por no decir toda— era culpa del sistema político que rige los destinos de la nación desde 1999. Por ejemplo, al día siguiente de la trágica jornada, ese medio argentino de línea editorial estadounidense llamado infoBAE titulaba que "pese a ser un país sísmico, Venezuela no estaba preparada para el doble terremoto que golpeó Caracas y La Guaira".

De la noche a la mañana surgieron miles de personas autopercibidas como expertas en geología y arquitectura, que afirmaban tajantemente que el terremoto fue especialmente devastador por causa de las acciones de los gobiernos chavistas.

El diario español El País no quiso ser menos y —también mientras el polvo de concreto aún flotaba en el aire— se destacó con una columna de opinión donde su autor se atrevía a utilizar la palabra 'karma' en el titular y, ya en el cuerpo del texto, confirmaba que su uso, lejos de ser involuntario, era plenamente intencional.

También dentro de España —y aunque a menudo se lo considera como un medio antagónico al anterior, en su enfoque sobre Venezuela se parecen igualito—, en el diario ABC trataron de establecer un vínculo entre vivienda social y tragedia sísmica, titulando "Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como castillos de arena". Afirmación que no solo es especialmente ruin dadas las circunstancias, sino además falsa, como veremos más adelante.

En parte espoleados por la prensa hegemónica y en parte por sus propias e insanas dinámicas, en redes sociales se vieron enfoques y expresiones en la misma línea, pero hiperbolizados a peor. Animados por la impunidad que ofrecen esas plataformas, de la noche a la mañana surgieron cientos de miles de personas autopercibidas como expertas en geología, arquitectura, rescate y primeros auxilios, quienes afirmaban tajantemente —sin pruebas ni fuentes sólidas— que el terremoto fue especialmente devastador por causa de las acciones de los gobiernos venezolanos del año 1999 para acá, que las construcciones públicas fueron las que peor resistieron el sismo, que el país no cuenta con rescatistas ni equipos ni capacidad organizativa para estas circunstancias y bueno, que todo lo malo que le suceda a las víctimas es culpa de las autoridades venezolanas del último cuarto de siglo.

La realidad frente a la manipulación

Sin embargo, la realidad es que —independientemente de la simpatía o antipatía que cada quien tenga al chavismo— el evento sísmico del 24 de junio fue algo fuera de lo normal, afirmación con la que cualquier geólogo serio y, sobre todo, real estaría de acuerdo. Los dos temblores de magnitud superior a los 7 puntos, separados además por menos de un minuto, constituyen lo que se conoce como "terremoto doblete", un evento poco común y excepcionalmente destructivo.

El más reciente ejemplo de este tipo de fenómenos fue en 2023 en Turquía y Siria, que tuvo una magnitud algo superior, pero separada por unas nueve horas, catástrofe que dejó alrededor de 60.000 muertes. Por sus características, la capacidad destructora del reciente doblete sísmico de Venezuela es, en la escala de Mercalli, similar a la del terremoto de México de 1985 o el de Japón en 2011, que están entre los más recordados a nivel global de los últimos 40 años.

Por otro lado, no hay ningún estudio mínimamente serio y en profundidad —oficial o particular— que muestre alguna correlación entre viviendas sociales y derrumbes por el reciente evento sísmico en Venezuela. Algo así lleva tiempo y, sobre todo, estar desprendido de bajos intereses politiqueros. Por lo que se ha visto en estos días, entre las edificaciones derribadas hay de diversos tipos: de construcción pública y privada, destinados a vivienda o alojamiento hotelero, de este siglo y del anterior, de baja altura y de alta…

Lo que sí puede agravar muchos de los problemas que surgen ante una catástrofe de esta magnitud son los efectos de una década de sanciones de EE.UU. contra Venezuela.

Si las edificaciones de la Gran Misión Vivienda Venezuela fueran tan endebles como afirman tajantemente algunos, la cantidad de edificios convertidos en escombros sería infinitamente mayor, puesto que estos están presentes por todo el país. Es más, hasta en la foto elegida por el ABC para graficar su artículo sobre dizque "castillos de arena", de fondo se ve un inmenso edificio de estas viviendas sociales en perfecto estado tras el temblor.

Tampoco —pese a los rumores mediáticos y en redes— hay ningún aluvión de rescatistas venezolanos o extranjeros que hayan denunciado que no puedan realizar sus labores, que estas sean obstaculizadas por maldad o ineptitud de las autoridades ni nada que se le parezca, como para andar tratando de imponer la consabida narrativa de "abandono estatal de un cuarto de siglo".

Lo que sí puede agravar muchos de los problemas que surgen ante una catástrofe de esta magnitud son los efectos de una década de sanciones de EE.UU. contra Venezuela. Sanciones que, no está de más recordar, siguen vigentes en su mayoría, pese a la tragedia y sin visos de cambio, ni siquiera por la compleja situación de chantaje en la que se encuentra el país tras el bombardeo estadounidense de principios de año y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

La cara humana más amable

Compleja situación con más que matizables escalas de grises, como demuestra la llegada del Comando Sur a territorio venezolano en estos días en paralelo con la siempre heroica labor de médicos cubanos en el terreno, que nunca se fueron de Venezuela ni se les pidió que lo hicieran.

Y es que, pese a la ruindad de algunos, la solidaridad se ha volcado con los afectados dentro y fuera del país. Dentro de Venezuela, miles de personas, tanto en sus roles oficiales —funcionarias, bomberos, rescatistas, militares, doctoras— como por fuera de ellos —transportistas, cocineras, deportistas, vendedores informales—, se han esforzado en poner todo de su parte para ayudar a que el país supere esta tragedia cuanto antes y al menor costo.

A lo que hay que sumar la llegada de rescatistas y ayuda material desde numerosos países, con gobiernos de todo tipo de signo ideológico. Señal de que, pese a la mezquindad de algunos, todavía quedan motivos para no perder la fe en la humanidad.

Y claro que el pueblo venezolano es alegre, bondadoso y agradecido con sus amigos, especialmente con quienes les echan una mano en momentos difíciles. Pero tampoco olvidará fácilmente cómo le tocó rescatar a sus supervivientes, atender a sus heridos y llorar a sus muertos mientras algunos solo se esforzaban en tratar de darse la razón a sí mismos, instrumentalizar la desgracia ajena y sacar provecho politiquero de la peor tragedia natural que ha azotado Venezuela en los últimos dos siglos.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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