Juegos Nómadas Mundiales de 2026: una alternativa multipolar a los Juegos Olímpicos

Mirko Casale

En días recientes, concluyeron los VI Juegos Nómadas Mundiales, celebrados en Kirguistán. Si no habían escuchado sobre ellos hasta este año, no se culpen: es una iniciativa relativamente reciente que se abre paso en un mundo dominado cuasi monopólicamente por organismos tipo FIFA, FIBA o COI, que dejan poco o ningún espacio para otras manifestaciones deportivas.

Las disciplinas deportivas –que más bien deberían denominarse cultural-deportivas– que se practican en este evento en algunos casos pueden resultar vagamente familiares y totalmente exóticas al mismo tiempo y merece la pena comentar varias de ellas.

Por ejemplo, el 'ordo' es un juego de estrategia militar y puntería que se juega con huesos de articulaciones de cabras u ovejas (en castellano, a veces, se les dicen 'tabas'), en el que los participantes tratan de derribar las piezas del contrario. También hay varios tipos de lucha agrupadas bajo el paraguas llamado 'kurash', una serie de artes marciales tradicionales muy populares en Asia Central.

Otra disciplina es el 'salburun' y sus diversas subcategorías, un juego de caza en el que los competidores se valen de halcones, perros 'taigan' (una especie de galgo kirguiso), arco y flechas, que en ocasiones deben disparar mientras van montados a lomos de un caballo.

Si antes les hablábamos de peleas digamos clásicas, a pie, el 'er enish' es una especie de mezcla entre lucha grecorromana y equitación, donde dos jinetes tratan de derribar al otro mientras cabalgan. Como pueden observar, en estos juegos el caballo es prácticamente un competidor más.

Por ejemplo, en otra de las categorías, llamada 'tyiyn enmei', los participantes deben tratar de recoger unas monedas del suelo mientras montan a caballo a toda velocidad. Sin detenerse ni bajarse por completo de la montura, obviamente.

Finalmente, destacamos el 'kok boru', donde dos equipos –cómo no, montados a caballo- se disputan un muñeco (tradicionalmente era el cuerpo de una cabra), de unos 25 kilogramos de peso y tratan de introducirlo en la meta rival. O, en otras palabras, una especie de polo originario, más propio de Genghis Khanes modernos que de miembros de 'country clubs' elitistas.

Esta edición contó con etnoatletas de más de cien países, muchos de ellos de naciones bien alejadas de Asia Central, pero con arraigadas tradiciones nómadas o, sencillamente, con personas lo suficientemente interesadas en ellas como para conocer y practicar alguna de las 43 competiciones ancestrales del evento. En total, asistieron unos 3.000 atletas, siendo Kirguistán, Kazajistán y Rusia las delegaciones más numerosas.

Y las tres más laureadas, por cierto, aunque tratándose de unos juegos más enfocados en el intercambio cultural y la preservación de etnodeportes ancestrales, la organización no publica un medallero oficial.

Una inciativa regional para el mundo entero

No estamos ante una novedad total, ya que esta no fue la primera edición de estos juegos, sino la sexta. Los orígenes de la iniciativa se remontan al año 2007, en Kirguistán, cuando cronistas y practicantes de estos juegos tradicionales comenzaron a reunirse para trazar estrategias de cara a su conservación, en un entorno global cada vez más globalista, que parecía condenarlos a la desaparición.

A raíz de esas reuniones comenzaron a organizarse campeonatos a nivel nacional y, posteriormente, tratándose de prácticas que comparten otros países de la región, en 2012 se propuso organizar unos juegos nómadas con la participación de otras naciones. Dos años después, el proyecto se hizo realidad y se realizaron los I Juegos Nómadas Mundiales en Kirguistán, con la participación de poco menos de una veintena de naciones.

Con cada edición, se fueron sumando más países y presupuestos (el Estado kirguizo, por un lado, y la estatal rusa Gazprom, por el otro, han sido sus principales financistas en estos años). En 2022, la competencia se llevó a cabo fuera de Kirguistán por primera vez (en Turquía) y, un par de años después, en Kazajistán, para volver 'a casa' en la presente edición. Y con cada edición, más y más visibilidad.

Mucho más que deportes: otra mirada sobre el mundo

Porque, de alguna manera, esta iniciativa es –insistimos- mucho más que un evento deportivo y no es nada casual que haya ido creciendo de la mano de la crisis del hegemonismo occidental y el empuje multipolar.

Por un lado, la pérdida de credibilidad de organismos deportivos globales, con sus dobles estándares a la hora de excluir a unos deportistas y no a otros, sin presentar ni un solo argumento confesable (inconfesables les sobran). Aunque los Juegos Nómadas Mundiales no suponen una amenaza ni mucho menos un reemplazo de los Olímpicos, su mera irrupción supone una alternativa que plantea algunas cuestiones incómodas sobre el monopolio impuesto por el olimpismo –y sus no pocos aspectos occidentalcéntricos e imperiales- al resto del mundo.

Ningún participante ha sido excluido de ninguna de las seis ediciones en función de su nacionalidad y, en la más reciente, rusos, bielorrusos, ucranianos, iraníes, alemanes, polacos o estadounidenses han competido con sus banderas e himnos, sin que ninguno de ellos sufriera ningún tipo de restricción, como en ciertos eventos 'mainstream'.

Pero, más allá de eso, los Juegos Nómadas Mundiales también hacen énfasis en otro modo de vida, atado a tradiciones ancestrales, tanto en la práctica deportiva como en la vida diaria, como se comprobó en varias de las instalaciones para participantes y públicos, en no pocos aspectos ligadas a un entorno mucho más rural que el urbano ultraconsumista que suele caracterizar a los grandes eventos deportivos modernos.

Así, el grueso de las competiciones se desplegó alrededor del lago Issyk-Kul y el desfiladero de Kyrchyn. En ese sentido, además de su aspecto meramente deportivo, el evento estuvo acompañado de muestras de etnocultura y conocimientos tradicionales: aldeas de yurtas, música, artesanía, gastronomía y hasta encuentros científicos transcurrieron en paralelo a la práctica deportiva.

Una dimensión geopolítica

Coincidencia o no (y coincidencia no fue), todo este aire multipolar se vio refrendado por la presencia en la inauguración de mandatarios como el ruso Vladímir Putin, el iraní Masoud Pezeshkian, el indio Narendra Modi, el turco Recep Tayyip Erdogan o el bielorruso Alexánder Lukashenko, llegados a Bishkek para asistir a una cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

Es decir, los Juegos Nómadas Mundiales tienen, además de un inmenso interés deportivo, cultural, social y antropológico, una gran carga geopolítica.

Y, si les soy sincero, cuando supe –demasiado tarde- de su reciente celebración, lamenté mucho no haberme enterado antes y tomarme un avión a Kirguistán para disfrutarlos en vivo. Así que no sé ustedes, pero por mi parte estaré muy atento a la siguiente edición, en 2028, que por los vientos que corren, será más multipolar que nunca.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.