Llueven las revelaciones sobre temas que hace unos pocos años se presentaban por los "medios serios" como "teorías de conspiración". Hace un par de días, la exdirectora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, hizo pública una "información de inteligencia inédita que revela nuevas pruebas del financiamiento del Gobierno estadounidense pasado a más de 120 laboratorios biológicos en más de 30 países del mundo, incluida Ucrania".
Gabbard aclaró que el objetivo de estos biolaboratorios en territorio ucraniano era almacenar armas biológicas soviéticas, capacitar a científicos locales en el manejo de sistemas de contención biológica y certificar su capacidad para manipular patógenos especialmente peligrosos. Según sus declaraciones, los biolaboratorios estadounidenses en Ucrania almacenan muestras de ántrax, tularemia, tuberculosis, peste porcina, enfermedad de Newcastle, síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), síndrome respiratorio agudo grave (SARS), enfermedad por el virus de Marburgo, ébola, lassa, peste, rickettsia y otras enfermedades.
No sé si los comentaristas que informaron sobre esta nueva sensación mediática se acordaban de la declaración hecha por la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, el 8 de marzo del 2022, donde dijo: "Confirmamos los hechos revelados en el marco de la operación militar especial en Ucrania de que el régimen de Kiev elimina urgentemente las huellas del programa militar biológico que estaba realizándose por Kiev con el financiamiento del Ministerio de Defensa de EE.UU. Los empleados de los laboratorios biológicos ucranianos entregaron los documentos sobre la destrucción rápida de patógenos especialmente peligrosos de la peste, el ántrax, la tularemia, la cólera y otras enfermedades peligrosas realizada el 24 de febrero. En particular, se trata de una orden del Ministerio de Sanidad de Ucrania para eliminar inmediatamente las reservas de patógenos peligrosos enviados a todos los laboratorios biológicos. Se puede ver la respectiva información en el portal del Ministerio de Defensa de Rusia. Los expertos de las tropas de defensa radioactiva, química y biológica están analizando ahora los documentos recibidos. Mientras, ya ahora se puede sacar la conclusión que en los laboratorios biológicos ucranianos ubicados en la proximidad inmediata al territorio de Rusia, se llevó a cabo el desarrollo de componentes de armas biológicas. La eliminación rápida de los patógenos especialmente peligrosos el pasado 24 de febrero fue necesaria para impedir que se revelasen los hechos de la violación por EE.UU. y Ucrania del Artículo 1 de la Convención de la ONU sobre la prohibición de las armas biológicas y tóxicas".
Mientras el mundo, una vez más, se enteraba de estas realidades del poder global que superan las de cualquier película ficticia de terror, hubo otra noticia, totalmente al margen de los grandes medios internacionales de información: en mayo de 2026, científicos cubanos presentaron resultados de estudios clínicos y experiencia acumulada de su reciente obra, HEBERSaVax. Se trata de una nueva vacuna cubana contra el cáncer y su función es combatir varios tumores sólidos, incluyendo cáncer de ovario, colorrectal, hepatocarcinoma y melanoma. Los investigadores cubanos confirmaron respuestas favorables en sus primeros pacientes, asegurando que su invento mejora su calidad de vida y presenta una baja toxicidad. En la fase II de un ensayo en cáncer de ovario avanzado, que fue denominado Centauro-4, HEBERSaVax se combinó con quimioterapia y mostró resultados muy prometedores: una supervivencia libre de progresión y una supervivencia global con pocos efectos adversos.
A los escuetos informes científicos de los médicos cubanos solo hay que agregarles que, desde hace meses, Cuba vive con pocas horas de electricidad al día, casi sin combustible, con niños y ancianos muriendo en hospitales por todo eso y por una falta crónica de lo más básico, resultado directo del bloqueo ya casi total, por parte de EE.UU.
Esta última vacuna cubana contra el cáncer, la que podría llegar a ser una gran esperanza para toda la humanidad, nació en las condiciones que, como se supone, tendrían que haber convertido a la población de Cuba en turbas de vándalos salvajes, miserables y desesperados por restablecer en la isla el capitalismo, pero la obra de la Revolución y su pueblo digno le entrega a la humanidad una esperanza para vivir mejor.
Para entender cosas sencillas que jamás se entenderán a 80 millas del Malecón habanero, debemos acudir al verdadero padre de la biofarmacéutica cubana: Fidel Castro. Desde sus primeros años, el gobierno revolucionario priorizó la educación del pueblo, desde la campaña nacional de alfabetización hasta la enseñanza superior y la formación científica. En las décadas de 1960 y 1970 crecieron y se ampliaron universidades y centros de investigación.
En 1981, Cuba fue azotada por una epidemia de dengue que tuvo efectos catastróficos. Existen muchos indicios directos e indirectos de que aquel dengue fue introducido a la isla por una operación de la CIA, pero los mismos que hasta el día de hoy no creían en "la teoría de conspiración de los laboratorios biológicos estadounidenses en Ucrania", obviamente, seguirán afirmando que es "una propaganda comunista". Independientemente del origen de aquella epidemia, ese momento fue el que le dio el impulso a una verdadera obsesión de Fidel por el desarrollo biotecnológico soberano: Cuba con extrema urgencia necesitaba producir sus propios medicamentos.
Se cuentan cientos de anécdotas y testimonios de cómo Fidel visitaba con frecuencia los laboratorios, discutía con sus investigadores y buscaba entender y mejorar personalmente cada proceso. Este tema para él fue su gran sueño y su desafío personal, como todo lo relacionado con salvar vidas.
Alrededor de interferón, la proteína que da una respuesta inmunitaria, Cuba en tiempos récord desarrolló su industria con base en una tecnología avanzada y la construcción de varias instituciones científicas. Cuando en la isla se creó el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y el Centro de Inmunología Molecular, muchos dijeron que era una locura para un país tan pequeño y pobre de recursos. Pero luego nació el Instituto Finlay de Vacunas y varios otros centros integrados posteriormente en BioCubaFarma.
Lo distintivo consistió en que investigación, desarrollo, producción y aplicación clínica quedaron totalmente integrados dentro del mismo modelo de salud obligatorio, asequible y gratuito para todos. Los resultados concretos que conoce el mundo desde hace años son las vacunas terapéuticas cubanas contra algunos tipos de cáncer como CIMAvax-EGF y Racotumomab (Vaxira), vacunas contra la meningitis B (uno de los primeros logros internacionales del sector), vacunas contra la neumonía y otras infecciones infantiles, como Quimi-Vio, vacunas contra el covid-19: Abdala, Soberana 02, Soberana Plus y otros. Además, durante la pandemia, Cuba fue uno de los pocos países del mundo que logró producir sus propias vacunas completas y las fabricó no sólo para el uso propio y la venta, sino que, como siempre y con todo, las compartió con los vecinos más pobres, gratuitamente y sin ninguna publicidad.
Por eso también duele y avergüenza tanto la indecisión indecorosa de tantos gobiernos en estos difíciles momentos, cuando el mundo debería estar devolviéndole a Cuba por lo menos alguna pequeña parte de lo que tan generosamente ha dado.
La biotecnología en el mundo contemporáneo es como todo: un espejo de las miradas desde los polos opuestos. Aunque nos dicen que ya se acabaron las ideologías, siguen existiendo las mismas dos irreconciliables: una de la vida y la otra de la muerte. Igual que con las islas paradisíacas del Caribe, que pueden ser lugares usados para las "fiestas" de Epstein o como escenarios de amor e inspiración, los estudios biotecnológicos también pueden tener dos horizontes muy diferentes. Por favor, sigamos mirando hacia el de Cuba.



