
Belleza con espinas
Colombia se posiciona como el segundo país del mundo en exportación de flores, con más de mil especies que florecen en su territorio. Durante la primavera, Medellín se llena de color y fragancia gracias a la Feria de Flores que se celebra en el corregimiento de Santa Elena. En este evento destacan los silleteros, campesinos que transportan grandes arreglos florales por la ciudad. Muchos de ellos apenas descansan mientras se preparan para el desfile, llevando silletas que pueden pesar alrededor de 100 kilos.
El proceso de vender flores es complicado y exige gran destreza y conocimiento sobre las diversas variedades. En Bogotá se encuentra el mercado de flores más grande del país, ubicado en la plaza de Paloquemao, donde los vendedores comienzan su jornada a las 2 de la mañana tras levantarse a la medianoche. Fuera de este mercado existe un comercio informal donde los vendedores no sindicalizados pasan largas horas bajo el sol, ganando menos de 60 dólares diarios.

"Si yo desconozco mis derechos, ¿cómo voy a reclamarlos?"
Las áreas cercanas a Bogotá están repletas de cultivos de flores, predominantemente en manos de empresarios extranjeros. Aproximadamente 200.000 personas trabajan en esta industria, con un 60 % de ellas siendo mujeres, muchas de las cuales son madres solteras que enfrentan condiciones laborales difíciles y ven vulnerados sus derechos.
Muchas sufren enfermedades relacionadas con su trabajo, como problemas de columna y rodillas y, aunque tienen acceso a salud, las pensiones son insuficientes para asegurar una vejez digna, lo que obliga a muchas a seguir trabajando más allá de la jubilación.
Las condiciones laborales en el sector son, en general, precarias, caracterizadas por salarios bajos y largas jornadas sin protección social. Muchos trabajadores son contratados temporalmente, lo que les deja sin garantías laborales y acceso a la seguridad social, mientras quedan expuestos a los riesgos de los pesticidas y otros químicos.
Orlando Romero, representante de una asociación de trabajadores del sector, explica que muchos ignoran sus derechos, lo que beneficia a los empresarios, al reducir las reclamaciones. "Si yo desconozco mis derechos ¿como voy a reclamarlos?", plantea.