Un siglo pasó antes de que alguien reparara que un viejo baúl, propiedad original de un proyeccionista que vivió en Pensilvania, EE.UU., contenía un tesoro invaluable: un metraje que corresponde a 45 segundos de 'Gugusse y el autómata', película no sonora filmada por el pionero del cine francés Georges Méliès en 1897, apenas dos años después de que los hermanos Lumière celebraran la primera exhibición cinematográfica, recoge AFP.
Fue Bill McFarland, un profesor retirado de 76 años, quien haciendo limpieza de su casa familiar, descubrió que dentro del olvidado baúl había una cantidad de películas antiguas lo "bastante buenas [como] para ir a la basura".
Las cintas eran propiedad de su bisabuelo, William DeLyle Frisbee, quien nació en 1860 y registró en cuadernos de viaje sus peripecias como proyeccionista en entornos rurales estadounidenses cuando el séptimo arte era toda una novedad.
McFarland relató que si bien no tenía "idea de lo que eran o cómo proyectarlas", algo le hizo considerar que eran valiosas. Así, las ofreció primero a un museo y luego a un anticuario, antes de finalmente llevarlas al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. Fue esa entidad la que confirmó que se trataba de una copia de la referida película de Méliès.
En ella, el realizador interpreta a un mago que mueve la manivela de un autómata quien, a su vez, responde golpeándole la cabeza con un bastón. El mago replica esos golpes con martillazos y el autómata empieza a encogerse, para luego desaparecer.


